23 de Septiembre de 2018

Opinión

Fin de semana de gozo

Nunca pensé decir que los llamados Aguilas fueron un digno rival contra Pachuca, con enjundia, garra y pasajes de buen juego.

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Surgieron tantos motivos para la alegría este fin de semana –al menos para el del sombrero- que no siento gana de hablar de otros temas que no sean los que pusieron el ánimo a tope. Uno de ellos es el deporte y más concretamente la brillante actuación del Pachuca  que echó fuera de la Liguilla al odiado América (odiado porque es el once de los billetes, como lo han sido los Yanquis en el béisbol, construidos a base de dólares).

Nunca pensé decir lo que a continuación digo, pero allá va: los llamados Aguilas fueron un digno rival, con enjundia, garra y pasajes de buen juego, especialmente los mexicanos Paúl y Pablo Aguilar (éste paraguayo naturalizado). Sin embargo, no les alcanzó ante el juego vertical y vertiginoso de los jóvenes pachuquenses y su buena compañía de veteranos como Ayoví y Mosquera.

Otro motivo de gozo fue la velada de clausura del Concurso de la Canción Armando Manzanero, donde el diminuto gigante fue ovacionado de pie tres veces en el pletórico recinto que lleva su nombre y donde hizo gala de buen humor yucateco y simpatía.

Lo que más disfruté fue que el alma de romántico irredento del admirado Pastor Cervera revoloteara sobre el público en las voces de María Medina y Sergio Esquivel. Pastor es, para mí, el que mejor hizo la trova de los segundos 50 años del siglo XX.

Sin duda, sin embargo, la noche fue de don Armando, como tenía que ser, en la buena compañía de la Típica Yukalpetén, Los Juglares, maestros como siempre, y el afamado tenor mexicano Fernando de la Mora. La cereza del pastel la puso Aleks Syntek al interpretar  su éxito Sexo, pudor y lágrimas. Todos salimos cantando del teatro.

Este fin de semana, por lo antedicho, no me importó la impolítica guerra sucia (más bien guerrita balcuceante, ni para eso hay enjundia), los violentos “maestros”  oaxaqueños (a quienes ni Morena quiere, imagínese usted) ni el calor sofocante. 

No puedo, sin embargo, aprovechando que la columna se puso deportiva,  sino dejar patente aquí mi protesta porque al Kukulcán le hayan puesto el feo apellido Alamo. Lo que hace el dinero.

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