21 de Septiembre de 2018

Opinión

Los finados: de la tradición a la folclorización

La apropiación de las tradiciones culturales, como el Hanal Pixan, por parte del Estado, las recrea y devuelve al pueblo reelaboradas como mero espectáculo...

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Hasta hace tres décadas las familias yucatecas conmemoraban a sus difuntos estrictamente en el ámbito familiar. Esta celebración tenía, y aún posee, un significado solemne en parte de la población y no se limita sólo a colocar un altar con comida para las ánimas. Los preparativos implican varios días para el “encuentro entre vivos y muertos” e incluyen visitas al cementerio.

Es a mediados de los ochenta, e imitando a otros estados como Michoacán, Ciudad de México y Oaxaca, que el Gobierno del Estado de Yucatán, a través de su Instituto de Cultura, realiza la primera edición de la muestra de altares en las dependencias de gobierno con el fin de preservar y promover las tradiciones y revalorar nuestra cultura mestiza, plural. A partir de 1995 se empieza a realizar en la Plaza Grande pero ya como Hanal Pixán (comida para las ánimas) y paulatinamente lo harán también escuelas, universidades, restaurantes, hoteles, de Mérida y del interior del Estado.

Paralelamente a estas muestras y concursos de altares, se llevan al cabo otras representaciones públicas: “La muerte en escena”, “Delirio teatral”, “Paseo de las ánimas”, que organizan las direcciones y secretarías de cultura oficiales y que protagonizan conocidos actores. Son espectáculos folclóricos reelaborados, supuestamente basados en información recogida en los pueblos y de investigaciones, aunque incluyen elementos que tienen poco o nada que ver con el mantenimiento de las costumbres y los estilos habituales de la región.

La apropiación de las tradiciones culturales, como el Hanal Pixan, por parte del Estado, las recrea y devuelve al pueblo reelaboradas como mero espectáculo o diversión con el pretexto de contrarrestar la posibilidad de introducción de otras influencias ajenas o de procedencia extranjera como el Halloween. 

En este contexto, tenemos dos formas de celebrar a los difuntos que no se contraponen, ni mucho menos se excluyen: una que conmemora solemnemente a los parientes muertos en el espacio privado, doméstico, y otra que festeja en el ámbito público (escuela, parque o calle), espacios donde el sentido verdadero de la celebración pasa a un segundo plano o se pierde.

Y es así, mediante muestras, concursos y representaciones teatrales folclorizadas, como visitantes y turistas “conocen” las tradiciones culturales de los días de los finados del pueblo maya y yucateco.

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