12 de Diciembre de 2017

Opinión

Fortalecer el régimen democrático

Es el tiempo de exigir que los votos se cuenten bien, al darle al voto un alto valor ciudadano.

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Rechazo los llamados a no votar o hacer nulo el voto. Así no fortalecemos el régimen democrático, que entiendo a la manera del filósofo italiano Norberto Bobbio: “Un conjunto de reglas procesales para la toma de decisiones colectivas en el que está prevista y propiciada la más amplia participación posible de los interesados”. 

Por el contrario, los esfuerzos sociales deben dirigirse a hacer cada vez más perfectible el régimen democrático. El ideal, alcanzable, es disponer de reglas claras, siguiendo a Bobbio, para la solución de los conflictos sociales e individuales, y que dichas reglas sean respetadas por todos, sin excepción alguna.

Hoy, habrá que acudir a las urnas. Es la culminación del proceso electoral. Es el momento en que los electores definirán y decidirán quiénes serán los representantes populares para los siguientes años. Es el tiempo de exigir que los votos se cuenten bien, al darle al voto un alto valor ciudadano. 

Hoy, el ciudadano debe cumplir con sus responsabilidades cívicas, debe votar por la formación partidaria y sus candidatos que prefiera, no obstante el desprestigio social que arrastran los partidos políticos. En cuanto a éstos, un 40% de los ciudadanos reconoce tener “nada” de credibilidad en ellos, según una medición reciente. En otra encuesta, relativa al proceso electoral 2015, hay un porcentaje preocupante: un 6% dice que “probablemente no votará”, y otro 6% que “definitivamente no votará”. En el reverso, 57% de los consultados informó que “sí votará”. 

Estos datos, fugaces, señalan otro aspecto que debe ser analizado, dada su trascendencia nacional, y que se refiere a las formaciones partidarias, que son objeto hoy de rechazo social y ciudadano. No hemos podido consolidar, dentro del régimen democrático, partidos políticos fuertes, sólidos, confiables, que atraigan al ciudadano a interesarse en la actividad política. 

No obstante las fallas, vicios, y demás defectos de los partidos políticos, es preciso votar por alguno de ellos, y por sus candidatos. A pesar de las deslucidas campañas, los lugares comunes para atraer electores, las frases trilladas de los aspirantes, el poco atractivo de sus propuestas, se requiere votar por alguno de ellos. El voto nulo no sirve a la democracia, el abstencionismo tampoco. Ni siquiera como señal de protesta. Es mejor votar para fortalecer el régimen democrático. 

Luego de la votación, seguiría la exigencia de tener servidores públicos responsables ante la sociedad, que éstos cumplan con sus atribuciones, sin propiciar ni solapar ni cometer actos arbitrarios. Una sociedad consciente de sus votos, y de su ejercicio, puede plantear cualquier reclamo social a sus representantes, dentro del marco del derecho, ya que sería una sociedad que no estaría dispuesta a retrocesos democráticos en el adelanto social de la colectividad nacional y estatal.

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