17 de Enero de 2018

Opinión

Fraguando sueños

Se presentó en Campeche' Mujeres fraguando sueños' de Pati Domenech, organizado por Tapanco Centro Cultural.

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Mujeres fraguando sueños de Pati Domenech, obra recomendada por Naciones Unidas por «su contribución a la dignificación de la condición de la mujer», se presentó este fin de semana de la mano de Rayuela Teatro, compañía proveniente de Ciudad del Carmen, Campeche, en el marco de Sacbé, Circuito regional de artes escénicas, organizado por Tapanco Centro Cultural.

Dirigida por Jorge Pérez Falconi desde 2007, Mujeres… vio la luz por primera vez de la mano de María Vidal y de su autor en noviembre de 2000, año en el que naciera Rayuela Teatro, para significarse, junto con El corazón de Antígona, como una de las obras más representativas de Teatro Ábrego, compañía fundada por Vidal y Domenech hacia 1979 en la comunidad autónoma de Cantabria, España.

Asomarse a la trayectoria y la poética de Domenech y Vidal y pensar en Dario Fo y Franca Rame y en las preocupaciones estéticas y sociales de su teatro es prácticamente inevitable. Algo de esto vemos en el montaje con el que Pérez Falconi, con la complicidad de Ana Fabiola Dionicio Solana, Beatriz López Herrera, Ennio Zavala Merinos y Henry César Chan Figueroa, toma la estafeta de Vidal y Domenech para colocarnos ante la terrible normalización de la violencia machista.

No obstante, lejos de lo que puede pensarse, ésta no es sólo una obra dirigida a ellas, sino, sobre todo, a ellos… a nosotros, hombres, porque en nosotros está el ponerle fin a la dolorosa cuenta de 70 mujeres asesinadas en un período de 12 meses por sus parejas o ex parejas en la España de Teatro Ábrego, o de más de mil feminicidios anuales en el México de Rayuela Teatro, donde Yucatán aporta entre tres y cuatro casos al año.

«Las mujeres –dice Domenech– son hoy protagonistas de un cambio tanto positivo como necesario»; en ese cambio, fragua de sueños que no sólo ellas sueñan, se transforman a ellas mismas y transforman a quienes estamos a su alrededor, me consta. Al final de la obra, las mujeres, sistemáticamente violentadas por seres diabólicos, siguen su corazón; sin embargo, esos seres diabólicos no son sino hombres que en su podredumbre sólo alcanzan a disfrazar su pequeñez con una máscara que los haga verse lo poderosos que no son, también me consta.

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