20 de Julio de 2018

Opinión

Fuga sin fin

La novela de Joseph Roth presenta un abanico contextual de los acontecimientos históricos que desencadenarían la II Guerra Mundial.

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Continuando con mis afinidades electivas, en esta ocasión me permito reseñar la narrativa de Joseph Roth, específicamente de su novela “Fuga sin fin” (en lengua original Die Flucht ohne Ende, publicada en Múnich en 1927).

La trama cuenta las vicisitudes de Franz Tunda, un oficial austríaco que cae preso en Siberia y que posteriormente, bajo una falsa identidad -Baranowicz- experimenta el rojo proceso de la Revolución Rusa, tan sólo para regresar, atraído por ineludible impulso, hacia el Occidente, donde se topa con los fantasmas de su pasado y una sociedad distinta a la idealizada en sus recuerdos.

La novela corta o nouvelle resulta interesante, pues por medio del periplo del protagonista nos presenta un abanico contextual de los acontecimientos históricos que años después desencadenarían en la II Guerra Mundial. Sin embargo, lejos de ser un tratado con precisiones académicas, nos revela la vida interior de los personajes, donde Tunda y su alter ego, se permiten adentrar y encarnar el personaje requerido según sus propias circunstancias.

De regreso a Austria después de su periodo rojillo, la sociedad burguesa de la que proviene comienza a verlo como un hombre muerto, desaparecido, y su milagroso retorno no hace más que revelar ciertas hipocresías, usos y costumbres de la época, que repulsan a Tunda y que, no obstante, le permiten tomarse ciertas licencias, pues es un hombre sin trabajo que sobrevive gracias a la ayuda de su odiado hermano, que es incapaz de contravenir lo que indica la corrección política en asuntos fraternales. 

Con esto, Tunda prefigura una especie de existencialismo bohemio, pues la fuga sin fin de Roth en realidad es una extraña carrera que anticipa el futuro, pues el autor, periodista y cronista de su tiempo, describe, disecta y satiriza el apogeo cultural que significó la belle epoque al amparo de los ideales burgueses que se resistían a desaparecer, planteando asimismo una reflexión de la decadente Europa de esos años, pues, en lo tocante a Francia, toma como excusa el hecho de que el teniente Tunda va en busca de su antigua prometida, residente en París, que al verlo no lo reconoce, simbolizando que éste es una anomalía, un anacronismo de una memoria reciente pero ya perdida, lo mismo que toda su generación,  incapaz de adaptarse al progreso y al desarrollo, ocupados en frivolidades y en el insalubre culto al hedonismo, la riqueza y el individualismo moderno: “No tenía profesión, ni amor, ni alegría, ni esperanza, ni ambición ni egoísmo siquiera. Nadie en el mundo era tan superfluo como él”. 

Fuga sin fin, Roth, Joseph. 168pp, Editorial Acantilado, España, 2013 (3ra ed.)

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