26 de Septiembre de 2018

Opinión

Gilberto y Yucatán (3)

Esta tierra bendita de Dios también tiene sus propios demonios.

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Casi a la medianoche del día 13 de septiembre de 1988, el huracán “GILBERTO”, con su centro en las cercanías de Sisal puerto, empezaba a aumentar su movimiento de traslación, ya en aguas del Golfo de México con rumbo hacia el oeste-noroeste, alejándose lentamente de Yucatán, pero mientras lo hacia los vientos ahora provenientes del suroeste comenzaron a golpear con rachas huracanadas a las zonas oeste, noroeste, centro y norte del Estado de Yucatán y por supuesto a la ciudad de Mérida, haciendo el viento un sonido tan peculiar que a los que lo escuchamos nos quedó grabado en la mente, tanto que jamás vamos a olvidar esas largas horas de la madrugada del día 14 de septiembre y que se fueron debilitando mientras se acercaba el amanecer; el poderoso huracán del siglo abandonaba por fin nuestras tierras, pero ya había inscrito su nombre en la historia de Yucatán como el huracán que nos cambió la forma de ver este tipo de fenómenos meteorológicos, aprender a tenerles más respeto.

Fue un parteaguas en la historia de Yucatán porque muchas cosas jamás volvieron a ser como eran antes, dejándonos una infraestructura urbana destruida, cambiando la configuración de la costa yucateca, destruyendo nuestra zona veraniega, tanto que jamás, hasta la fecha, ha vuelto a alcanzar el esplendor de antaño, cuando los dos meses de la temporada, julio y agosto, casi todas las casas estaban ocupadas. 

Muchas de estas casas se perdieron para siempre, acabó buena parte de la vegetación; ni qué decir de la gran cantidad de árboles que tumbó en Mérida, dejando a la población atónita. Llevó años asimilar lo que había pasado y todos decían: por primera vez pasó esto, por primera vez pasó lo otro... 

Las personas que pensaban que en Yucatán no ocurría nada, que era un lugar tranquilo, libre de terribles fenómenos naturales, se dieron cuenta de que esta tierra bendita de Dios también tiene sus propios demonios, a veces desatados en forma de huracanes destructivos.

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