18 de Febrero de 2018

Opinión

Gilberto y Yucatán (4)

Para nuestra desgracia ISIDORO afectó la zona más poblada, la zona metropolitana, donde estaba la mayor infraestructura económica del Estado, a la cual devastó y destruyó.

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La noche del 22 y el amanecer del 23 de septiembre de 2002 fueron la peor pesadilla para los yucatecos; ningún ciclón tropical había sido tan prolongado.

Amanecía el lunes 23 y los vientos huracanados no cesaban, la destrucción era algo que ni con GILBERTO se había visto. ¿Qué pasó, por qué fue muy larga la afectación? La explicación es que venía muy lento, a 7 km/h, y equivalía a la afectación de dos ciclones.

Ya casi se llevaba 24 horas de afectación hasta que al final dio la vuelta por el sur del Estado y retornó por donde había entrado para salir al Golfo de México. Se volvieron más de 36 horas de afectación, algo inédito para Yucatán.

Para nuestra desgracia ISIDORO afectó la zona más poblada, la zona metropolitana, donde estaba la mayor infraestructura económica del Estado, a la cual devastó y destruyó.

El saldo, peor que con GILBERTO: 7 veces más de lo que destruyó GILBERTO, 85 municipios zonas de desastre, de 83 mil viviendas 31 mil irreparables, 800 postes de la CFE derribados, 45 mil árboles caídos, muchos muy antiguos, 70 mil cabezas de ganado perdidas, 58 millones de pesos en cosechas arruinadas, 1 millón de cerdos muertos, 8 millones de aves de corral muertas, 1,500 millones de pesos en pérdidas, 150 granjas avícolas y 140 mil colmenas de abejas destruidas, pero lo peor, el daño psicológico que le quedó a las personas que vivieron 2 días y medio este huracán.

Siempre, sin embargo, entre lo malo hay algo bueno: la graduación de los yucatecos en huracanes y en cómo enfrentarlos, porque quedó muy claro que, después de lo sucedido, esto no nos volvería a pasar, jamás nos volveríamos a confiar, aprendimos a tener respeto por cualquier huracán, sea moderado, fuerte o intenso. Habíamos recibido una muy dura lección que nos dolió a todos los yucatecos que lo sufrimos, ya que todos, en menor o mayor grado, habíamos tenido daños y pérdidas.

Gracias a ISIDORO nos graduamos en la cultura de la prevención de huracanes que nos caracteriza y que no deberemos perder jamás.

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