12 de Diciembre de 2017

Opinión

Gobernadores minoritarios

El actual sistema electoral mantiene el diseño que se le dio en el siglo XX, durante el largo período del régimen de partido de Estado.

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El próximo 5 de junio se elegirán doce gobernadores en sendos estados de la República. Aún sin conocer las particularidades políticas de cada estado podemos hoy saber que la gran mayoría de esos comicios, si no todos, darán como resultado ganadores con menos de la mitad de los sufragios emitidos. Esto es así puesto que el actual sistema electoral mantiene el diseño que se le dio en el siglo XX, durante el largo período del régimen de partido de Estado. Reconoce mayorías relativas en territorios específicos -estados, distritos, municipios-, pero no lleva a los órganos de gobierno la pluralidad de fuerzas sociales y políticas que, no conformando mayorías locales, sumadas son más amplias que éstas. Este anticuado sistema operaba eficazmente en el viejo régimen, en donde un solo partido contaba con una amplísima mayoría electoral, de forma tal que a nivel local superaba al conjunto de las oposiciones, por un lado, y, por otro, consolidaba una estructura política vertical, sólida y con pocos contrapesos de facto. Esta condición no existe el día de hoy, en que la pluralidad política y social se traduce en pluralidad partidista. El anacrónico sistema no tiene la capacidad de integrar en los órganos de gobierno que se eligen las expresiones políticas de la mayoría de los ciudadanos, que se dividen en distintas opciones políticas localmente minoritarias, y sigue reconociendo privilegiadamente a las mayorías locales, que han pasado se ser de un 90% o más de los electores a un 40% o menos.

En estas condiciones, probablemente todos los gobernadores que resulten electos el 5 de junio lo serán con el voto de minorías; de mayor tamaño que las fuerzas adversarias, pero menores que el conjunto de éstas.

En síntesis: al momento de tomar posesión, los nuevos gobernadores lo harán en contra de la voluntad expresa, en urnas, de la amplia mayoría de sus conciudadanos. Para agravar las cosas, muchos congresos se elegirán bajo las mismas reglas, de forma tal que estos gobernadores tampoco tendrán que enfrentar oposiciones legislativas mayoritarias.

De esta forma, se desarrollarán gobiernos que no necesitarán asimilar reclamos ajenos a sus bases electorales y no requerirán construir consensos sociales, sino tan sólo satisfacer a sus partidarios. Evidentemente la transición democrática no ha ocurrido.

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