19 de Octubre de 2018

Opinión

Gorditos y bajitos

Los niños y las niñas son el futuro de nuestro país, pero lamentablemente si no hacemos nada para nutrirlos, lo único que nos deparará el futuro será tener un país triste y enfermo.

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Los niños y las niñas son el futuro de nuestro país, pero lamentablemente si no hacemos nada para nutrirlos de manera adecuada lo único que nos deparará el futuro será tener un país triste y enfermo.

El DIF Municipal de Mérida presentó hace unos días los resultados del “Estudio poblacional sobre el estado de salud y nutrición de habitantes de la ciudad de Mérida, Yucatán, México”, donde se afirma que el 51% de niños y niñas en edad escolar, entre 7 y 12 años, presentan sobrepeso u obesidad. Lo anterior resulta alarmante porque la cifra está muy por encima de la media nacional y la estatal, de 34.4% y 45.1%, respectivamente, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012.

Aunque el estudio presentado por el Ayuntamiento no tiene rigor científico, al no haber utilizado una muestra probabilística, es claro que el problema está ahí, visible para todos, basta con pararnos cinco minutos en el centro de la ciudad, en una plaza comercial o en la fila del banco y observar cómo la mayoría de las personas no poseen un cuerpo delgado; lo que sí observaremos son tallas grandes, personas con dificultad para respirar. Lo peor, sin embargo, es que hay personas aparentemente sanas, pero con problemas de salud invisibles, que en algún momento pasarán la factura.

Y que quede claro: el problema no es estético, sino de salud; un escolar con sobrepeso u obesidad tiene, estadística y metabólicamente, más probabilidades de ser un adulto con problemas de salud graves y crónicos, como la diabetes mellitus y la hipertensión, que ya afecta a los niños, cuando, hasta hace algunos años, sólo se observaba en adultos mayores de 30 años, lo que coloca al escolar en una importante vulnerabilidad.

También tiene un componente económico importante: el año pasado el Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) estimó que en 2012 la obesidad en México generó costos en salud y productividad que ascienden a más de 85 mil millones de pesos, equivalente a la mitad del presupuesto para el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.

La situación claramente es estructural: las políticas de nutrición y alimentación que se desarrollan a nivel municipal y estatal no están funcionando de manera adecuada y no están dando resultados a la velocidad que deberían; olvidamos que este problema está afectando directamente la calidad de vida de nuestros niños, su estado físico, psicológico, su capacidad de estudio, de relacionarse y su futura productividad laboral, por lo que hay que trabajar de manera puntual y constante en la solución del problema.

No olvidemos que nosotros somos agentes de cambio y que podemos y debemos ser partícipes activos en la solución del problema. Comencemos promoviendo estilos de vida saludable en nuestro núcleo familiar, con nuestra pareja, nuestros hermanos, tíos y primos, busquemos ser un modelo a seguir para las nuevas generaciones; que ellos y ellas nos vean comer alimentos más saludables, hacer más ejercicio, dormir a nuestras horas. Más que palabras, necesitamos acciones; prediquemos con el ejemplo para que tengamos en México y Yucatán un futuro feliz y saludable.

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