21 de Septiembre de 2018

Opinión

El gran reportaje de Leibowitz

Leibowitz, convertido a juez en 1941, fue célebre al punto de que 'no había nadie que osara disputarle el título de Primer Abogado Penalista de los Estados Unidos de Norteamérica'.

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“Leibowitz pasó dos semanas enteras tratando de imaginar una defensa para un individuo que, según el Fiscal, no tenía defensa. Los libros de leyes que había estudiado no le servían de nada. Alguien, bondadosamente, le aconsejó que debería hacer que su defenso se declarase culpable. Pero un abogado concienzudo jamás presenta como culpable a un cliente que insiste en que es inocente”, se narra en la página 30 del libro “Sala de Jurados”. Su autor describe cómo el abogado defensor Samuel S. Leibowitz gana uno de sus primeros casos, en una sala de jurados de Nueva York.  Se debatía si un tal Patterson, acusado de robar 7 dólares de la caja de una cantina en un día de verano de 1919, era o no culpable del hecho. 

Para sostener su acusación, el Fiscal contaba con la propia declaración del acusado, testigos y pruebas materiales, una de ellas, la más importante, la llave decomisada luego del hurto. Convencido de la inocencia del acusado y a punto de que el jurado deliberara, Leibowitz pide permiso al juez para acudir a la cantina y probar la llave, lo que, confirmando sus sospechas, provoca que el Fiscal desista del caso. 

De ahí en adelante, Samuel S. Leibowitz se convirtió en un ejemplo de sagacidad, compromiso y humanidad, con actuaciones destacadas en casos complejísimos. Es particularmente conocida la defensa de nueve chicos negros, injustamente acusados y declarados culpables de la violación de dos mujeres blancas, en el caso conocido como “Los chicos de Scottsboro”. La defensa de Leibowitz en este caso tuvo como consecuencia que el Estado americano admitiera a personas afroamericanas en sus jurados.

Leibowitz, convertido a juez en 1941, fue célebre al punto de que “no había nadie que osara disputarle el título de Primer Abogado Penalista de los Estados Unidos de Norteamérica”, según afirma Quentin Reynolds, el autor de “Courtroom”, título original de la obra, muy al caso para compartir en vísperas del Día del Abogado. 

Este libro, cuya última edición en México es de 1968, trasciende primero por la inspiradora trayectoria de Leibowitz, pero también por el destacadísimo trabajo periodístico de Reynolds, reportero deportivo, quien, por su frustrado deseo de ser abogado, acepta la comisión del New York Evening World para cubrir un juicio y termina profundamente afectado por el genial desempeño del defensor, a quien sigue desde entonces en la serie de casos que describe de forma impecable en esta obra.

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