10 de Diciembre de 2018

Opinión

Habitar

Habitar-es usa un concepto de espectador itinerante que debe estar hora y media de pie.

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“Habitare-es”, obra de Jair Zapata que se presenta en la 61 No. 382 entre 38 y 40 a las 20:00 horas. Llevo tiempo preguntándome: ¿Dónde están las propuestas emergentes? ¿Quiénes son las generaciones que van a transformar el teatro yucateco?

Y es que en la mayoría de las cosas que hacen los jóvenes en el Estado he visto vanos intentos por “reinventar” el teatro, pero hay en ellos una enorme ignorancia, pues no hacen el esfuerzo de enterarse de quiénes están antes y si tal o cual cosa ya se había hecho para dar con el camino que les permita hacer lo mismo pero reinventado en su propio lenguaje.

A Jair le tengo ese afecto natural que crece cuando compartes un proceso creativo y descubres las primeras y prometedoras letras en un alumno.

El espectáculo -que ha tenido varias presentaciones dentro y fuera de Mérida y ha sido beneficiado con varias becas- usa un concepto de espectador itinerante que debe estar hora y media de pie siguiendo a los actores por distintos espacios donde transitan y comparten fragmentos de su historia.  

De principio no es muy amable con el espectador al tenerlo tanto tiempo de pie, sudando al calor inclemente en un foro sin clima ni ventiladores que hagan menos complicado el viaje. Desnudos, secuencias repetitivas, música y algunas confesiones acompañan el discurso. 

Siento que se quedaron en una idea básica, reconocible en cualquier performance ochentero. Debieron ser más autocríticos en su discurso y pensar en el público al que dirigen su espectáculo. Creo que esta compañía verá llegar sus mejores momentos en espectáculos futuros.

Lo que sí es respirable y plausible es que son una verdadera compañía; están desarrollando juntos un lenguaje, todos asumen el mismo nivel de compromiso ya sea exhibiendo su cuerpo o hablando de sus heridas personales. El trabajo que realizan es muy serio y la disciplina asumida salta a la vista, así como las cualidades artísticas de cada uno. ¿Habitamos o nos habitan?

Es la gran interrogante del espectáculo y propone respuestas en un intento sensorial e interactivo con un público que ríe nervioso, esconde el rostro, se deja hacer o se incomoda con el sudor del otro. Con todo, es un espectáculo que se aleja del discurso regional tan gastado de nuestro teatro, intenta nuevos caminos, expone a sus ejecutantes y trata de llegar al espectador a través de otros estímulos.

Insisto en que no es para todo tipo de público, el que asista debe estar dispuesto a la experiencia alejada de lo convencional, a la incomodidad y al contacto con el otro. Veo en el trabajo de Jair Zapata  una buena respuesta a mis preguntas de inicio.

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