23 de Septiembre de 2018

Opinión

Habla

El español yucateco nos identifica como comunidad, nos da sentido de pertenencia, utilízalo con orgullo, es nuestro, es nuestra herencia, nuestro patrimonio.

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Me encontraba en la Ciudad de México en 1995, viajé hacia ahí por una petición de quien entonces presidía la delegación local de la CMIC, mi buen amigo el Ing. Víctor Pérez Peralta, en respuesta a la convocatoria para crear la Comisión de Jóvenes Empresarios de esta organización, y cuando me tocó el turno de presentarme ante los asistentes, dije orgulloso: “Buenas tardes, yo me llamo Raúl Monforte y vengo de Mérida, Yucatán”. En medio de una generalizada carcajada, me señalaron con sarcasmo: “¡Qué bueno que lo aclaras, no nos habíamos dado cuenta!”

Decía el gran poeta y filólogo yucateco don Fernando Espejo Méndez: “En Yucatán se habla de una manera distinta. El habla de los yucatecos ha sido objeto de los más acuciosos estudios. Es una lengua propia, con características peculiares y con personalidad única. Es indudablemente el resultado de la fuerza, de la terca permanencia del substrato indígena, la lengua maya, en un claro mestizaje con la castellana, ya de suyo afectada en su recorrido de conquista americana, de coloridas y transformadoras influencias -caribismos, nahuatlismos- a más de una infinidad de términos olorosos a brea y a mar”.

Esta forma de hablar que tenemos los yucatecos es tan peculiar que fácilmente se identifica como diferente al idioma español que se usa en el resto de México. Sus diferencias son reconocibles en 4 distintos niveles: su morfología, sintaxis, léxico y fonología, aunque no en todas las expresiones estén presentes los cuatro. En la anécdota que les he relatado por ejemplo, solo se manifiesta el nivel fonológico, es decir, la pronunciación, entonación, cómo suena; sin embargo, bastó para que, con escucharme decir una corta frase de unas pocas palabras, mis compañeros hayan identificado enseguida mi lugar de procedencia.

Don Fernando Espejo, en alguno de sus numerosos ensayos acerca de este tema que le apasionaba, señalaba que, para que una nueva lengua se forme a partir de otras dos, son indispensables dos ingredientes: aislamiento y tiempo, tal y como sucediera con las lenguas romances de la Península Ibérica, como el castellano, el gallego, el catalán o el lusitano, a las cuales tomó cerca de mil años hacerse distintas y llegar a ser lo que ahora son.

En cambio al español yucateco no le alcanzó el tiempo, cuatrocientos años de ser una península aislada del resto de la república no bastaron, y al romperse este aislamiento hace alrededor de 70 años, dio inicio una implacable acción uniformadora.

Yucateco: aporrea las palabras cuando hables, no lo hagas de una manera fingida, no se trata de actuarlo ni satirizarlo, pero tampoco lo reprimas. Usa diariamente esas maravillosas palabras como chuchú, escarpa, tuch, xik y hasta pelaná (hay algunos que bien se la merecen). El español yucateco nos identifica como comunidad, nos da sentido de pertenencia, utilízalo con orgullo, es nuestro, es nuestra herencia, nuestro patrimonio.

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