18 de Septiembre de 2018

Opinión

Hablar sin tener nada que decir

En las sociedades animales hay conductas instintivas que pueden parecernos salvajes o rudimentarias, pero habría que compararlas con las atrocidades que las sociedades humanas pueden cometer.

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El ser humano es el único animal que tiene la capacidad de reír y llorar. Los otros animales no lo hacen. No obstante esta condición, muchas características de los animales superan al hombre en bondad. Cuando vemos por la televisión o por cualquier otro medio que el cocodrilo se come al ciervo que va a beber agua al río muchos piensan que es un  malvado depredador de inocentes criaturas de la naturaleza. Pero pocos piensan en la necesidad de ese cocodrilo de comer; posiblemente lleve meses sin hacerlo y esa presa podría ser la diferencia entre vivir o morir. 

Los animales no tienen la capacidad o posibilidad de ser vulgares, ya que son seres irracionales, supuestamente inferiores al hombre, dejados llevar por sus instintos e incapaces de generar actos éticos o morales. Independientemente de esas condiciones, hay ocasiones en que las personas se ubican por debajo de los animales. Por ejemplo, cuando ríen a carcajadas hasta perderse. Evidentemente que esta frase se trata de una metáfora. 

Nietzche plantea que hay situaciones en que somos inferiores a los animales, entre otras razones porque somos conscientes de muchas cosas, incluso de la vulgaridad, y, sin embargo, podemos llegar a ser vulgares con plena conciencia.

El reino animal nos suele proporcionar muestras de conservación y congruencia de las especies; por ejemplo, cuando una bestia cuida a su cría de las garras de otros depredadores. En cambio, los seres humanos hay ocasiones que hacemos auténticas barbaridades con nuestros semejantes.

En las sociedades animales hay conductas instintivas que pueden parecernos salvajes o rudimentarias, pero habría que compararlas con las atrocidades que las sociedades humanas pueden cometer.

Son muchos los autores que han comparado a las sociedades humanas con las animales. Hobbes sostiene: “El hombre, lobo del hombre”; Arthur Schopenhauer: “El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales”; Mahatma Gandi: “Un país, una civilización se pueden juzgar por la forma en que tratan a sus animales”; George Orwell: “Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

Cuando nos comparamos con los animales en muchos casos salimos inferiores a ellos. Los hombres somos los únicos animales que reímos y lloramos, comemos sin tener hambre, podemos beber sin tener sed y, dicho sea de paso, también solemos hablar no obstante no tener nada que decir.

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