15 de Noviembre de 2018

Opinión

Hacienda y salsa

El chiste es dónde va a ir a parar el dinero de los contribuyentes, sean de clase media o influyentes.

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La verdad es que México parece vivir, ahora, un conflicto de intereses. No sabe si apostarle a una cosa u a otra. Así, potencialmente, viven millones de “mexican curios” y, por ende, miles de yucatecos.

Por un lado se encuentran las políticas presidenciales que están siendo debatidas o, mejor dicho, discutidas en lo oscurito entre las principales fuerzas partidistas y sus respectivos “mensajeros”. Ahora, hoy por hoy, lo que espanta a medio mundo es la supuesta Reforma Hacendaria que lanzó, con poca fortuna, don Quique Peña Nieto.

No sólo la clase media, que es la que generalmente carga con casi todos los males económicos de la nación, ya que los pobres, con todo respeto, pobres son, sino los poderosos hombres de empresa están que no los calienta ni el sol ante semejante propuesta de recolección de billetes a costa de IVA por todas partes y demás “penitenteces”.

Pero, por otro lado, aunque ustedes no lo crean, estimados lectores(as), gran parte del territorio mexicano –que no azteca; hay cientos de etnias indígenas, señores y damas– está sufriendo por algo que, en realidad, vale mucho menos que la vida: el partido de fútbol entre los tristes “ratones verdes” contra los canaleros panameños, ahijados del gran músico salsero social Rubén Blades.

Es increíble cómo los mexicanos se dividen en sufrimientos. La neta que el rollo de la llamada Reforma Hacendaria o miscelánea fiscal pone los pelos de punta a millones de connacionales porque desconocen si a un futuro no lejano tendrán que estar pagando más plata para las cajas registradoras del Sistema de Administración Tributaria (SAT), bajo el supuesto de que esa lana servirá para obras sociales del país, cuando no para unos cuantos, como casi siempre ha sido en el tradicional y corrupto molde gubernamental nacional.

Entonces, por una parte, el chiste es dónde va a ir a parar el dinero de los contribuyentes, sean de clase media o influyentes, y lo otro es dónde se refundirá la Selección Mexicana de fútbol después del partido crucial del viernes por la noche, cuando el técnico emergente Víctor Manuel Vucetich y sus “asalariados de la bola” (como les llamaría la señorita Laura Bozzo, ese dechado de intelecto femenino y altruismo a rapel) se midan ante los panameños que echan su venenito acerca de los argentinos naturalizados que juegan para la escuadra tricolor.

PRIMERA CAIDA.- La neta de las netas, lo más preocupante ahora es que el país salga del marasmo económico y su notable recesión, aunque los personeros federales digan lo contrario. Cuando la plata está escondida en los colchones y los negocios no funcionan, sólo hay una palabra: recesión.

SEGUNDA CAIDA.- Miren que preocuparse por un xla partido de futbol. En verdad que el balompié es el deporte más popular de este planeta, pero sufrir por si México acude o no al Mundial de Brasil en 2014 no debe quitar el sueño, al menos a los nacionales que pagan sus impuestos. Los poderosos del dinero sí están temblando.

TERCERA CAIDA.- Yo, por eso, mejor bailo salsa a ritmo de Rubén Blades.

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