23 de Septiembre de 2018

Opinión

Hay más “niños encadenados”

Una noticia acaparó profundamente la atención de los cancunenses durante los últimos días...

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Una noticia acaparó profundamente la atención de los cancunenses durante los últimos días: los cuatro niños encadenados por su madre, hallados en la región 95, gracias a una denuncia anónima. Ella será investigada por el posible delito de “abandono de menores” al recuperar la libertad, y ellos, tras ser atendidos en el DIF, fueron cobijados por la abuela materna, quien tampoco garantiza su cuidado óptimo.  

Tras esta noticia, por ratos de carácter social más que policiaco, se esconde un drama todavía peor. Según testimonios de los vecinos, e incluso de los mismos menores, la violencia intrafamiliar es recurrente en casa; del padre hacia la madre, de ésta hacia ellos, y viceversa. Por desgracia, no creo sea el único caso en Cancún.

Las causas de este problema y de otros similares las conocemos porque son compartidas: extensas jornadas laborales, desintegración familiar, vicios, escaso contacto con vecinos por falta de arraigo, así como ausencia de familiares o de personas de confianza para vigilarlos, entre otras. 

Las consecuencias las podemos imaginar: más violencia intrafamiliar porque se reproducen los patrones, debilidad de los vínculos afectivos, abusos de todo tipo, chicos con trastornos múltiples y otras que permiten ver ya no solamente a “niños con la llave al cuello”, sino a “niños con cadena al pie”.

Leí comentarios acerca de este lamentable hecho. La polémica no es superada porque especulamos en los motivos específicos y suponemos las secuelas, pero no abordamos con altura de miras las soluciones para una problemática que se agrava. Criticar y condenar es lo más fácil en estos casos, aunque nada productivo.

Dos sociólogos coinciden tanto en causas como en consecuencias, como las antes apuntadas, y reconocen con tristeza la dificultad para encontrar “remedios” en una población cosmopolita, con hábitos, costumbres y quehaceres tan diversos. Además, aseguran que la identidad, el arraigo y la pertenencia no son términos concebidos igual por todos aquí, lo cual complica la suma de esfuerzos, evidenciada también en otros ámbitos.

Me cuentan que en otros países de parecido desarrollo dieron resultado la jornada escolar completa (el estado asumiendo el costo), la obligación de ofrecer guarderías o ludotecas en las dependencias gubernamentales más concurridas (aquí hay en el Poder Judicial), una legislación laboral favorable para madres solteras, así como otros aspectos legales y administrativos. Eso, en cuanto a lo inmediato.

Lo anterior -cuentan los profesionales que prefirieron el anonimato- debió ser apuntalado por una intensa labor en colonias, escuelas y oficinas haciendo hincapié en la responsabilidad compartida como sociedad (que es progresivamente inevitable) con quienes serán el futuro de una localidad, entidad o país. 

Es obvio que si bien es una acción desarrollada principalmente por los gobiernos, debieran aportar ideas las asociaciones civiles, los comités vecinales, los grupos de apoderados, las cámaras empresariales, los patronatos y otras instancias. Todo, por el bienestar común.
Es tiempo de canalizar esfuerzos e incorporar voluntades. Los cuatro niños encadenados es, penosamente, apenas un capítulo de una película dramática cuyo guión sigue escribiéndose en gran parte del estado.

Desorbitado

La discusión por el tema central de este artículo estaba en su apogeo cuando se conoció lo del bebé olvidado en un taxi por su madre, o secuestrado por el chofer (la causa real es investigada). Si confirman la primera versión, como prevén, no sería un “hecho aislado” si se analiza bajo los parámetros de los niños con cadena. Fiel reflejo de una sociedad con traumas de origen.

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