17 de Octubre de 2018

Opinión

Herencia fatal

Sigamos alterando el ecosistema y la magnitud de los fenómenos no podrá ser acallada con discursos políticos ni dinero.

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“Habrá guerras, hambres, terremotos y persecución; los cuerpos celestes serán conmovidos  y entonces lo  lamentarán todas las tribus de la tierra” (Sn. Mateo). No amable lector, nada tiene que ver lo dictado con estos días de recogimiento.

Aún permanece fresco en mi memoria el interesante pasaje de la obra de Giovanni Sartori La Tierra Explota y de cuyo contenido extraemos el siguiente  párrafo: “El reino del hombre llegará a duras penas al 2100, quien lo quiera disfrutar que lo haga rápido, porque la posibilidad del mañana es incierta”. 

Desde cualquier punto de vista, lo único seguro es que de continuar por esta peligrosa carretera, pronto acabaremos con la vida humana. Si no lo creen, baste repasar algunos aspectos  relevantes. 

A) Sobrepoblación: el siglo XXI comenzó con 6 mil millones de personas y se estima que hoy somos mil millones más; bastó tan sólo una década para mostrar su galopante crecimiento. Lo anterior nos va dejando su trágico cortejo compuesto por  analfabetismo, escasez de alimentos, desempleo y violencia.

B) Pobreza: millones pasan hambre. Se  estima que cerca de dos centenares de millones de menores viven y trabajan en las calles de las ciudades en desarrollo y 4 de cada 10 están en América Latina. Roban, mendigan o se prostituyen con tal de sobrevivir.

C) Degradación del medio ambiente; recalentamiento de la tierra, deshielos de los polos,  polución atmosférica, CO2 alto, inundaciones, fenómenos meteorológicos devastadores, y muerte por doquier. En Yucatán la  devastación de las áreas verdes por múltiples razones amenaza a sus moradores y a las reservas protegidas. Las temperaturas se elevan por arriba de los 40 grados, cuyos efectos en niños y ancianos ya hemos vivido.

D) Enfermedades: los extremos de la vida son sus principales víctimas (menores de 5 años y mayores de 65). Contaminación de mantos freáticos y el inadecuado manejo de los alimentos  se suman al devenir irascible de los “jinetes” del Apocalipsis.

Mi intención este Jueves Santo es la de tomarnos unos minutos para reflexionar sobre nuestro comportamiento egoísta, que arriesga  la certidumbre y estabilidad de la futura generación.

El “no me va a tocar”, o el “que vean cómo lo resuelven” es la postura más inmadura y denigrante que cualquiera de nosotros debe de adoptar. Pronto las guerras serán por falta de agua, alimentos y no por tierras ni petróleo. 

Sigamos alterando el ecosistema y la magnitud de los fenómenos no podrá ser acallada con discursos políticos ni con todo el dinero del mundo.

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