17 de Junio de 2018

Opinión

Hipil, arte mal pagado

El hipil no es solo un traje regional, una prenda de vestir de la mujer maya, es mucho más que eso. El hipil es arte...

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El hipil no es solo un traje regional, una prenda de vestir de la mujer maya, es mucho más que eso. El hipil es arte en que va impreso el talento de nuestras mujeres indígenas.

La palabra huipil (huipilli) es de origen náhuatl y significa `blusa o vestido adornado´. En la península de Yucatán la palabra tiene una ligera variación: hipil, prenda muy colorida usada no sólo por mujeres indígenas en México, sino también a lo largo de Centroamérica. A la llegada de los españoles, en el siglo XVI, las mujeres mayas llevaban el torso desnudo. Esa costumbre fue considerada por los religiosos como inmoral, e hicieron que las mujeres cubrieran sus pechos con una prenda llamada guaypil o güipil.

¿Qué mujer no se ha enamorado de esta prenda? Estoy seguro que son muy contadas quienes no se sienten atraídas por una. Es de admirarse el trabajo de las bordadoras mayas. Mucha creatividad, decenas de horas de trabajo y dinero invertidos para lograr una de estas obras de arte.

En su forma más elaborada, el hipil forma parte de una prenda llamada terno que consta de tres piezas: jubón, fustán y el propio hipil. El jubón es un cuello cuadrado sobrepuesto al huipil, delicada y bellamente decorado. El terno es el traje de gala para eventos importantes: Fiesta del pueblo, bodas, etc.

Hay de hipiles a hipiles, como en todo. Los hay con bordados muy sencillos, y aquellos bastante elaborados y coloridos. Tradicionalmente la tela usada es de color blanco. Para darnos una idea de la magnitud del esfuerzo en la elaboración de uno de los más hermosos, a su creadora le toma aproximadamente 50 horas de trabajo. Una semana propiamente si se considera la jornada de ocho horas dedicadas totalmente a una prenda: Corte, diseño sobre la tela, y bordado; sin embargo, a una bordadora le puede tomar hasta casi un mes si consideramos que, debido a las labores propias del hogar, invierte dos horas diarias a este trabajo. Los hipiles son hechos a mano con la ayuda de máquinas de coser mecánica. En un buen hipil se invierten unos doce tubos de hilo, tela y encaje; y lo más valioso, el tiempo. La inversión va desde los 400 hasta los 450 pesos por prenda, y en el mercado les pagan hasta 800 pesos. Una mujer bordadora gana neto de $8 a $10 pesos la hora. Casi nada.

Aquellos quienes comercializan el hipil en la zona turística de Quintana Roo, aprovechándose de la necesidad de las mujeres indígenas, son los que marcan el precio, quienes deciden cuánto pagarle a la bordadora por cada prenda. Mayormente las mujeres no tienen otra opción, pues salir de sus comunidades, sin un sistema de transporte, es difícil y caro. El comprador las visita y regatea.

Cuando a usted, amable lector, alguna mujer de la zona maya les ofrezca una prenda, antes de regatear el precio, piense en el valor del arte que está comprando.

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