21 de Septiembre de 2018

Opinión

Una historia trágica

Uno de los grandes secretos del gobierno era que entre el costo de producción y el precio de venta del sosquil había una diferencia abismal, de hasta 10 a 1.

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En los últimos días he dedicado parte de mi tiempo a revisar mis libros y apuntes. Y me he encontrado asuntos que, en la ya larga carrera periodística, se han acumulado en mi experiencia y me han marcado la vida, para bien o para mal.

Uno fue especialmente determinante: el asunto henequenero que me tocó vivir de cerca. Entre los escritos que guardo está una memoria de la sesión de septiembre de 1985,  la XXXIV del Comité Técnico del Fideicomiso Henequenero, creado por José López Portillo y cuyos objetivos eran: generar una diversificación en la zona dedicada al cultivo del agave –otros programas para captar la mano de obra del ejido: pesca y ganadería, básicamente- y descongestionar las nóminas campesinas, y dejar en claro lo que era subsidio de lo que era crédito destinado a la producción de fibra. El objetivo final, una vez logrado el saneamiento financiero, sería trasladar a la esfera del gobierno estatal el mando de la industria del henequén, lo que a fin de cuentas se hizo hasta que Dulce  Sauri liquidó la industria.

Uno de los grandes secretos del gobierno era que entre el costo de producción y el precio de venta del sosquil había una diferencia abismal, de hasta 10 a 1, pero nunca ningún funcionario, ni los gerentes del Banrural ni los del Fideicomiso y menos en los altos niveles federales y estatales, había admitido en público esa anomalía económica.

Luego de esa sesión, quien esto escribe pudo obtener subrepticiamente un ejemplar que guardo como un tesoro, donde se daba a conocer la realidad de las finanzas henequeneras –sin maquillaje porque era un documento de uso interno de los cónclaves-, en el cual se hace constar el profundo abismo que había entre lo que se obtenía por la venta de fibra y lo que podía recuperar el gobierno. Luego de que se dio a conocer públicamente ese secreto hasta entonces bien guardado, no le quedó más remedio al señor Eduardo Pesqueira Olea, titular de Agricultura con De la Madrid  y con Jolopo director del Banrural, reconocer esa profunda distorsión. 

El resto de la triste historia ya se conoce: Yucatán tiene que importar henequén. Triste fin de una época trágica.

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