20 de Mayo de 2018

Opinión

Holbox

Al saberse este fin de semana que la empresa interesada en construir en la isla retiró por ahora su proyecto...

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Al saberse este fin de semana que la empresa interesada en construir en la isla retiró por ahora su proyecto ante Semarnat, queda abierta la posibilidad de que el jala y estira vaya para largo. Y hasta puede convertirse en otro símbolo de lucha -con aquello de que “en la guerra y el amor todo se vale”- entre desarrolladores y ambientalistas, para de paso exhibir el papel de los ejidos y la tenencia de la tierra frente a la industria.

Carambola de varias bandas es el caso de Holbox, abanicada desde las redes sociales,  donde se ha expresado indignación por ese plan de modificar radicalmente ese destino -se mencionó como supuesta referencia ¡Ibiza!-, causando fuertes impactos ambientales y sociales.

El retiro de los empresarios casi coincidió con algo similar que ocurrió en Cabo Pulmo, en Baja California Sur, donde otra empresa canceló su proyecto -también señalado de depredador- aunque advirtiendo que lo replantearía.

Las voces se están dejando oír respecto al futuro de la isla quintanarroense y me pregunto si en su momento los proyectos de Cancún o Riviera Maya hubieran tenido de frente elementos como los escaparates de las redes sociales, para por ejemplo expandir la difusión de posturas y recolección de firmas a peticiones, ¿sus procesos de desarrollo serían tal cómo han sido?

El plan inversionista para Holbox se ve como desproporcionado ante la fragilidad de la isla, no sólo por todo lo que ahí hay para proteger, sino por su falta de mecanismos de salvaguarda en casi todos los sentidos. Doblemente frágil. 

El tema de los ejidos vuelve al primer plano, con una antigua práctica en el negocio del  desarrollo urbano, de posibles compras camufladas, con modificaciones de asambleas e integrantes, para luego escuchar señalamientos de supuestas ilegalidades y abusos.

¿Necesita Holbox ese nuevo desarrollo que buscan con capital sus promotores? ¿A qué precio? ¿O debe quedarse como una isla encantadoramente modesta en su infraestructura? ¿Qué mecanismos legales le permitirían seguir así como está y por cuánto tiempo?

Mientras nos distrae, otros puntos también merecen atención, marcadamente Tulum, más a futuro Costa Maya, en el sur de Quintana Roo, y donde quiera haya acceso a playas, fuentes naturales de agua, arqueología y naturaleza.

Con el optimismo que hay por el aumento de visitantes y su derrama, por la inversión y el empleo, ¿cuál sería la medida y la forma para lograr equilibrios, proteger legalmente y garantizar un mínimo de justicia social? Pregunta aún sin respuesta a la que esperemos, sin tantos daños, vaya aportando Holbox. Más en www.tvradioriviera.com

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