23 de Septiembre de 2018

Opinión

Hombre de carne y sueños

En la feria de la Filey se rinde homenaje al escritor Agustín Monsreal, yucateco transterrado desde los 15 meses de edad.

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En su tercer año, la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey) tiene como invitados de honor un país, Ecuador, y una universidad, la de Guadalajara, que lleva 28 años organizando la Feria Internacional del Libro, el mayor mercado mundial de publicaciones en español que reunió a 1,932 casas editoriales de cuarenta países y 700 mil visitantes, logros que seguramente sostendrán la visión de amplios horizontes de la UADY en esta nueva aventura.

Especial significación tendrá la entrega de la medalla Excelencia en las Letras “José Emilio Pacheco” por el reciente fallecimiento del gran escritor y porque quien la recibe, Elena Poniatowska, acaba de ser galardonada con el Premio Cervantes.

La medalla se entrega de manera conjunta con la UC Mexicanistas, asociación de estudiosos de la cultura mexicana que desde la Universidad de California da la vuelta al mundo impulsada por el corazón de Sara Poot, a quien la misma Elena Poniatowska alguna vez llamó “una pepita de oro, un garbanzo de a libra, el tesoro de Ali Babá en su larga cabellera negra…”. Puede usted asistir a la Filey como gambusino para encontrarla.

Se rinde homenaje al escritor Agustín Monsreal, yucateco transterrado desde los 15 meses de edad, experiencia remota que le hizo declarar que “por lo general uno nace donde y cuando menos se lo espera”. Magistral en ese complejo género de aparente simplicidad, el cuento, que a veces se parece a la falda: mientras más corto mejor. Poeta “reincidente” y maestro de generaciones, su extensa labor como “tallerista” y promotor editorial bastaría para llenar páginas enteras.

Cuentista de tiempo completo, dice que el cuento “es un acto de amor, un acto de fe, una consagración, un prodigio, una prueba de que existimos, el sueño de un dios imaginado por un ser ordinario, un corazón con los recuerdos contados, el verdadero principio de todas las cosas, y al contrario de lo que principia, es lo que jamás acaba”.

Hombre crítico, cuenta que como otros muchachos pensó procurarse fama, mujeres y dinero en abundancia y ser boxeador, torero, corredor de autos, hasta que se topó con su primer amor en serio, el teatro, al que fue fiel hasta que decidió manifestar sus propias ideas: “Y fue así como me aparejé con la que habría de ser mi amante definitiva: la literatura”. 

Dice ser un inconforme incurable: “La realidad de todos los días… me golpea los ojos y las vísceras y me vuelve de revés el alma como un bolsillo y no me queda más remedio que ponerme a escribir, porque este acto lúdico y riguroso, mágico, purificador, es la sola forma que tengo de decir que no a toda esa serie de mentiras y de valores excrementicios que desde que nacemos se nos trata de imponer como verdaderos…

Nos quedan tan pocas cosas improstituibles en la vida, que siento que debo de respetar al menos (y al máximo) mi propio oficio… Bueno, tal vez se deba a que me pusieron el corazón donde no era”. Cómo no creerle cuando se define como “hombre de carne y sueños”.

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