18 de Septiembre de 2018

Opinión

Humo blanco

La fuerte presión ejercida por Luis María Aguilar, respaldado por el grupo mayoritario de dirigentes y delegados, le valió para ganar la contienda.

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Tras una agotadora jornada de negociaciones entre los representantes del Comité Ejecutivo Nacional y los dos grupos contendientes por la Secretaría General, al fin salió el humo blanco que anunció a la planilla que sería presentada más tarde al pleno del congreso. La fuerte presión ejercida por Luis María Aguilar, respaldado por el grupo mayoritario de dirigentes y delegados, le valió para ganar la contienda y dejar fuera de combate al grupo opositor encabezado por Miguel Meléndez y Efrén Carrillo.

Llegar a la silla no fue fácil, fueron cuatro años de estrategia, intrigas y cambios de camiseta de un bando para otro. Aunque parezca increíble, en la política sindical, hoy anuncian al nuevo rey y mañana comienza la carrera por la sucesión.

El congreso ya pintaba caliente, pues, en la víspera de su inauguración, los grupos cazaron a diestra y siniestra a los delegados recién electos ofreciéndoles comisiones y carteras en el nuevo comité seccional; cafés y casas de campaña hirvieron de actividad.

La primera escaramuza vespertina sacó a relucir los nombres de Teresa Caamal, Alfredo Barrera, Alejandro Chulim, Miguel Meléndez, Luis María Aguilar y Efrén Carrillo como los “presidenciables”. La lucha por el poder no fue limpia, pues se supo de los intentos de Luis Manuel Hernández y Marbellino Burgos por meter “mano negra” buscando dejar a su gallo para perpetuar su control político en la sección estatal. Sus sueños se desvanecieron cuando, al filo de las cinco de la mañana del segundo día de trabajos, se integró la planilla de “unidad” encabezada por Luis María Aguilar, quedando constituida con gente nueva, seleccionada de entre los delegados asistentes y otro tanto que fueron por la cuota política de sus respectivos grupos; aquí se colaron: Eloy Novelo, Karlina Burgos, Jorge Téyer, Rosita Selem, Alex Chulim, Silvia Orozco, Carlos Ruz y Alfredo Barrera, entre otros.

Esperemos que pronto rompan el viejo paradigma del sindicalismo y se avoquen a orientar y ayudar a sus compañeros sobre los retos de la evaluación docente, los derechos adquiridos en carrera magisterial, impulsar un fondo de retiro para el trabajador, la regularización del patronato del fondo de defunción y proponer la modificación del Isstey para crear el fondo de vivienda y elevar el tope de la jubilación a 10 salarios mínimos. De sueños se construyó la grandeza y gloria pasadas de la sección 57, a cumplir pues.

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