18 de Noviembre de 2018

Opinión

"I love" Berlusconi

El 'cavalier'i supera con creces los sueños más otomanos y dislocados del zoom politikon nacional.

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Después de su más reciente declaración (reconoció que el mundo y la fe católica ya está preparada para un Papa negro, desafiando con su retorcida y característica ironía a las instancias de los políticamente correctos, no se diga los vaticinios de Nostradamus), solo hay una certeza jurídica: todo político mexicano debería llevar en sus trajes de terlenka y terciopana una insignia que dijera sin soberbia ni soslayo, con admiración y envidia “I love Berlusconi”, en homenaje al excéntrico millonario y político que no parece tener empacho en demostrar que no fue educado en el seno de una familia, sino en una vulcanizadora.

Sobre todo porque el cavalieri supera con creces los sueños más otomanos y dislocados del zoom politikon nacional que, cuando parecen haber alcanzado la cúspide de lo sublime (el góber guerrerense anunciado cada diez minutos a un sospechoso de violación que, curiosamente no está relacionado con el caso de las españolas; el dudoso espectáculo sobre los cambios a la Ley de Amparo que debe tener a Burgoa Orihuela más enchilado que el rey de España después del abucheo por sus aficiones a cazar elefantes, sobre todo rosas), llega Berlusconi y los rebasa por la ultraderecha.

Y es que Berlusconi organiza mejores orgías que El Nini Verde, dice más barrabasadas que el munícipe de Kafkapulco y, a diferencia de muchos que renuncian al puesto bajo circunstancias de salud y empeño, cuando lo ha hecho no ha sido por culpa de su gusto por las quinceañeras, sino debido a su vocación por los negocios turbios. Y en eso incluso supera a Yarrington, Moreira y varios más.

El único que podría darle la batalla al capo de tutti capi es el ex presichente Fox. En particular porque ahora que nomás se la pasa de ñora regañona con el PAN por andarse juntando con el PRD —digo, después de rasparse las rodillas con el PRI no tiene autoridad moral la chachalaca mayor— nomás no podría superar estas grandes frases berluscónicas: O esta maravilla que empleada en el momento preciso le resuelve todos los problemas a los políticos incomprendidos e infravalorados por sus capacidades distintas para la acumulación originaria de capital en materia de enriquecimiento inexplicable: “La oposición quiere que me vaya a mi casa. ¿Pero cuál si tengo 20?”.

Si Berlusconi rifara en México, por supuesto, no estaría como aquellas diputadas que defienden de los sexistas y misóginos a la diputada perredista con minifalda, y menos la apoyaría no por sus dotes de estadista sino por su derecho a decidir no usar la falda hasta el huesito.

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