25 de Septiembre de 2018

Opinión

Identidad militar, un riesgo

Se ha elevado el riesgo de ser parte de una institución de seguridad pública, debido a los golpes al crimen organizado.

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Se ha elevado el riesgo de ser parte de una institución de seguridad pública, y ese nivel se incrementa aún más cuando se trata de las fuerzas armadas, debido a los golpes que se han asestado al crimen organizado.

Los altos mandos del Ejército y la Armada lo saben, por eso exhortan a sus mujeres y hombres con mensajes como el siguiente: “Formar parte de las fuerzas armadas es un orgullo y motivo de honor, más que un empleo es una forma de vida, y usted, como militar, tiene la misión de concientizarse y concientizar a su círculo social para que su empleo sea sólo del conocimiento de las personas en que usted confía, por su seguridad y la de los suyos”. 

De hecho, un reglamento de la Sedena prohíbe a los militares revelar sus datos en el ciberespacio, y se sabe que recientemente una enfermera militar fue sancionada por contravenir esta disposición. El argumento es válido: involucrarse en las redes sociales es aceptar los códigos escritos y no escritos que comparten los usuarios, así como los peligros que entraña interactuar con miles de cibernautas, por lo general desconocidos.

Precisamente en Internet, en días pasados comenzó a circular copia de un documento, presuntamente oficial, en el que la Marina recomienda a su personal tener cuidado porque en la carretera México-Veracruz, a la altura de Amozoc, Puebla, un retén instalado de la delincuencia organizada busca militares en los autobuses de pasajeros para ‘levantarlos’, por lo que les recomienda abstenerse de identificarse como tales.

Lo cierto es que actualmente soldados y marinos han tenido que cambiar su forma de vida para protegerse y cuidar a sus familias. Atrás quedaron los días del “charolazo” para obtener canonjías o prebendas de civiles, o de colocar en los parabrisas de los vehículos aquellas plaquitas metálicas con escudos de la Armada con el grado y nombre del propietario. 

Ni hablar, es el precio de estar en la línea de fuego, y habrá que acostumbrarse a vivir en el anonimato.

Anexo "1"

Héroes anónimos

Respecto del anonimato de los militares, en mis Acaecimiento del 28 de febrero de 2014, “La recompensa por El Chapo”, cuando lo recapturaron por primera vez, escribí:

“Lo más seguro es que no los conozcamos. Ellos tampoco podrán presumir. Quizás ni a sus familias se lo confíen. Tal vez un reconocimiento muy privado del alto mando de Marina y, quizá, el saludo del presidente. Paradójicamente, los infantes de Marina que capturaron en Mazatlán a Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, no verán un peso de los 30 millones que la PGR ofrecía, menos un dólar de los 5 millones que puso Estados Unidos por el narcotraficante más buscado del mundo.

“Por seguridad propia, su identidad será resguardada. Dudo incluso que sus nombres sean mencionados en las órdenes generales de las unidades y dependencias de la Marina para ser saludados con los honores de ordenanza, como se acostumbra en otros casos”.

Todo esto, en aras de que ellos y sus familias vivan con tranquilidad y seguras en el ambiente que los rodea. 

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