19 de Julio de 2018

Opinión

Impuntuales Anónimos

Mis maestros solían esperar 15 minutos para el pase de lista y, si llegabas después, te ponían “retardo”.

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Hola, mi nombre es Roberto y tengo un problema…

Imagine el éxito de una asociación llamada Impuntuales Anónimos en Yucatán. Si una reunión se programa a las 11:00, el yucateco promedio podría llegar a las 11:15 sin preocuparse, pues está dentro de los quince…, veinte o treinta minutos “de tolerancia”.

Este tiempo de gracia se nos enseña desde pequeños, mis maestros solían esperar 15 minutos para el pase de lista y, si llegabas después, te ponían “retardo”. Pocos se atrevían a dejar al alumno afuera para evitar interrumpir la clase y enseñarle una lección.

En eventos sociales de Mérida se considera una falta de respeto llegar puntual. Por ejemplo, la hora indicada en las invitaciones a fiestas infantiles es para los que van a traer los dulceros y el pastel, pues en promedio se espera tu llegada una hora después.

La última vez que tomé un autobús a Cancún llegué diez minutos después de la hora de salida y me dio tiempo hasta para comprar el boleto.

La impuntualidad crónica pareciera un privilegio por nacer en Yucatán, pero realmente es una debilidad, un hábito que conlleva a una insufrible pérdida de productividad.

No podría existir una organización de Impuntuales Anónimos, pues este padecimiento no puede esconderse: te hace ver como un irresponsable, desorganizado o desinteresado.

Aunque no lo crea, algunos políticos, empresarios o personas con autoridad lo utilizan para demostrar que están ocupados y son más importantes que la contraparte: una vergonzosa falta de respeto.
Sin embargo, hay diferentes tipos de impuntuales. Yo descubrí que empecé gradualmente a dejar todo a lo último y a llegar tarde a compromisos por una adicción a la adrenalina. Muchos prefieren trabajar bajo presión al grado de provocar estos escenarios.

Al igual que con los alcohólicos, el primer paso es aceptarlo. El segundo podría ir desde aprender a usar una agenda hasta engañarse a sí mismos: adelante sus relojes y nunca apunte la hora real de sus compromisos en la agenda (réstele de diez a veinte minutos).

Si sabe que hay mucho riesgo que no llegue puntual, avise y no se comprometa a una hora específica, por ejemplo: “Puedo llegar a su oficina entre las 9 y 9:15”.

En fin, me despido porque ya tengo un atraso en la entrega de esta columna.

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