24 de Octubre de 2018

Opinión

In memoriam

Querida Silvia Káter, doy fe de la magia del teatro en las funciones que siguieron al inesperado viaje de tu mamá. Sé que sólo el teatro, el público amoroso aplaudió de pie tu trabajo pudieron curarte un poco.

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En la comunidad teatral solemos decir: “La función tiene que continuar” y aplicamos la frase en los tiempos difíciles, en las inconformidades y en los momentos de luto. Me ha tocado vivirlo dos veces, no en carne propia, pero sí en la cercanía de personas que quiero y admiro. Uno de ellos es mi maestro de dramaturgia, estábamos en Michoacán cuando nos avisaron que teníamos la tarde libre pues el padre del maestro había fallecido. Sin embargo, al día siguiente, el maestro se presentó al curso y las clases continuaron. A todos nos sorprendió la entereza de este hombre para estar frente al grupo un día después de la muerte de su padre. Hace poco me tocó vivir lo mismo con una querida actriz, en medio de una demandante gira, le avisan que su madre había fallecido, ella se armó de una fortaleza tremenda y continuó su gira con todo el profesionalismo que le ha distinguido a lo largo de su carrera. Yo no pude menos que sorprenderme y admirar los tamaños de esta actriz para, como su obra dice, seguir andando el largo y a veces sinuoso camino del teatro. 

No sé si la función siempre tenga que continuar, supongo que lo sabré cuando me corresponda. Pero sí sé que los duendes del teatro no nos dejan escapar y, cuando nos han elegido, nos mantienen sobre las tablas a pesar de todos los a pesares. Y también -por romántico que parezca- el teatro, en su enérgico abrazo, nos cura un poco. Creo en el dios del teatro, en su generoso amor y su poder para hacer fuertes a sus creyentes. El teatro me ha salvado la vida varias veces, me ha curado el mal de amores y me ha devuelto la fe en mi letra.  Quizá quienes nos consideramos creyentes del teatro no dudamos de su magia y de lo mucho que transforma nuestras vidas. Querida Silvia Káter, doy fe de la magia del teatro en las funciones que siguieron al inesperado viaje al infinito de tu amorosa mamá. Sé lo mucho que cimbró tu alma su partida y sé también que sólo el teatro, el público amoroso y que aplaudió de pie tu trabajo pudieron curarte un poco.

 A doña Sonia le digo que crió una hija hermosa, enamorada del teatro y su familia, la de la sangre y la teatral. Buen viaje a nuestra querida Sonia, aquí nos quedamos nosotros, creyendo en el teatro que siempre será una casa para su hija. Sirvan estas letras para honrarle en estos extraños designios del tiempo, de la muerte y  la vida. Le deseo que tenga buen viaje y un feliz retorno a esto que llamamos vida y que a veces podemos abrazar desde el teatro.

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