23 de Septiembre de 2018

Opinión

Independencia, palabra ignorada

El festejo de Independencia se ha convertido, si no en el más importante, sí en uno de los de mayor relevancia en la liturgia cívica nacional.

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Independencia, desde la raíz etimológica, habla de una situación en la cual un ente, sea individual o social, está libre de ataduras, puede desplazarse, pensar, moverse y decidir sin depender o tener que pedir permiso a otro. Viene de dos palabras latinas: in (dentro, en) y pendere (que podría traducirse como colgar, estar colgado, amarrado, sujeto, pendiente de algo o de alguien). Pendiente, además, por semejanza con el significado primero, tiene otras acepciones: seguir atentamente una plática, vigilar a alguien, esperar: “Estoy pendiente de lo que dices”, “No te apures, estoy pendiente de Pedrito”, “Estoy pendiente de la hora en que llega la criatura”. Asimismo, pendiente es inclinación: “Es una pendiente muy pronunciada, así que tómala con precaución”. 

Independencia, en su sentido geopolítico, es la condición de un Estado que no depende de otro para gobernarse, darse leyes, realizar su vida interna y encontrarse con el mundo exterior: “México es una nación independiente desde las primeras décadas del siglo XIX”. Suele estar asociado con el término soberanía, que es la capacidad de gobernarse internamente y sin injerencias de otras entidades: “México es un país soberano”, “El estado libre y soberano de Yucatán decide unirse a la federación mexicana”. También va asociado a libertad: capacidad de discernir sin presiones, ataduras o amenazas de otro: “México forma filas entre las naciones libres de América desde 1821”, y también: “Estás en plena libertad de decidir si te alías con él, pero piénsalo bien antes de decidir”, “Nada me gustaría más que de verdad tu libertad de pensar y actuar se acompañara de una capacidad igual o mayor de discernimiento”.

El diccionario define pender como: “Estar colgada, suspendida o inclinada una cosa” y “Estar sin resolver o terminar un asunto”, definición, como puede apreciarse, insuficiente y pobre. Las palabras, siempre he pensado, van enriqueciéndose (o empobreciéndose, según el caso) con el paso de los años y a veces sus significados se alejan a distancias siderales de su origen. Por ejemplo, y ya que hablamos de pendere, ¿quién pensaría que tiene alguna relación con la palabra que en México sirve para denominar a un diablo y en Argentina, Chile y Perú al órgano sexual masculino, a un caballo o a un amigo?: pingo o pinga. Dígale usted a una peruana que tiene cara de pinga y verá dónde van a parar sus dientes. Peor si le dice a un peruano o chileno que tiene una pinguita. Pero, aunque usted no lo crea, pingo(a) viene del verbo español antiguo pingar, que se deriva de pendicare y éste lo hace de pendere. Es decir que pingo o pinga e independencia son parientes, aunque hoy día nada tengan que ver entre sí, porque la historia los ha alejado.

Independencia es un término relativamente nuevo en la geopolítica. Se origina en Estados Unidos, donde se usa por vez primera en 1776 en la Declaración de independencia. Tras esta declaración, otros muchos países de la región, Haití, en segundo término, en 1804, con Jean-Jacques Dessalines, quien tras derrotar a las tropas francesas se declaró emperador, y luego otros más, entre ellos México, cuyo movimiento se inició en la madrugada del 16 de septiembre (no en la noche del 15, como ahora, gracias a don Porfirio Díaz, se celebra), cuando, al término de la misa de la madrugada, el cura don Miguel Hidalgo y Costilla arengó a sus fieles a luchar por el restablecimiento de la Corona española y la vuelta al trono de Fernando VII.

El festejo de Independencia  se ha convertido, si no en el más importante, sí en uno de los de mayor relevancia en la liturgia cívica nacional. Cuando se acercan los días patrios, las ciudades y pueblos se llenan de los colores de la bandera y nos volvemos fervorosos adoradores de la tradición. México hoy, a pesar de las manifestaciones gamberriles de porros mal llamados maestros, está teñido de verde, blanco y rojo y hasta el más insensible corazón arde en fervor patrio. Hoy todos los mexicanos, incluidos los yucatecos que somos buenos imitadores, están volcados en las tiendas y mercados en busca de pozole, bebidas suficientes, carnes y botanas, pero ¿alguien se para a preguntar si hay motivos para celebrar?.

Y sí hay, y muchos, pero debemos conocerlos, estudiarlos, reivindicarlos todos los días, porque México no va a ser nunca una nación independiente mientras todos y cada uno no se asuman como parte de un proceso de construcción de independencia que se hace todos los días. ¡Viva México!.

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