20 de Febrero de 2018

Opinión

Infraestructura

Los países industrializados y económicamente más poderosos del mundo cuentan con una industria de la construcción fuerte...

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Uno de los doce Pilares de la Competitividad, según el Foro Económico Mundial, es la Infraestructura, y es también uno de los más importantes motores del crecimiento económico de una nación. Y estrechamente ligada a aquélla, camina de la mano la industria de la construcción. 

Los países industrializados y económicamente más poderosos del mundo cuentan con una industria de la construcción fuerte, innovadora, comprometida con los más altos estándares de calidad, perfectamente integrada a lo largo de toda su cadena de valor y poseedora de los mayores avances tecnológicos.

Pero cargar con la alta responsabilidad de impactar, como ninguna otra rama industrial, en tantos sectores de la economía no es tarea fácil y podría tratarse de un arma de dos filos, ya que el impacto puede ser en sentido positivo o negativo dependiendo de la implementación y modo de ejecución de los programas de crecimiento en infraestructura, y del grado de blindaje que la industria de la construcción pudiera tener contra las grandes amenazas a las que se encuentra expuesta. Si quienes estamos involucrados en ella transitamos por el camino equivocado, causaremos un impacto de la misma intensidad pero en sentido contrario.

Una de las mayores amenazas que se ciernen sobre la industria de la construcción, aunque no la única, es que ésta se ha “mercantilizado” demasiado. 

Hoy prevalece, se intensifica y se masifica la mala práctica de presentar ofertas a la baja con precios insolventes, situación que se ve alentada y agravada porque los clientes y propietarios la han privilegiado por encima de hacer una selección basada en la alta calidad, y obtener las mejores opciones que tomen en cuenta toda la vida útil del proyecto. Esto ha cerrado los espacios para que la innovación, la calidad, la tecnología, la durabilidad, la sustentabilidad y la eficiencia se hagan presentes en las construcciones. Debemos salir al encuentro del desafío que representa revertir esta tendencia.

En México y Yucatán, los responsables de la construcción de infraestructura, tanto clientes como contratistas, tenemos ante nosotros el reto de resolver algunas de sus necesidades más apremiantes. Es menester que el acceso a los contratos de obra sea con base en la capacidad de la empresa y el talento de sus colaboradores, la calidad que pueden ofrecer, el servicio que pueden brindar, así como la eficacia y eficiencia de sus procesos de ejecución. 

Los precios por los conceptos de obra tienen que ser solventes, que permitan generar lo suficiente para cubrir todos los costos reales, tanto directos como indirectos, y que permitan incluir materiales, equipos y mano de obra de alta calidad, cubrir sueldos dignos a la plantilla profesional del sector, y una justa aunque moderada utilidad. También es imperativo contar, previamente al inicio de cualquier obra, con proyectos ejecutivos completos, bien hechos y correctamente costeados.

Hay dos opciones de futuro para la industria de la construcción: el que creamos para nosotros mismos, y el que otros crean para nosotros. Yo elijo crear una industria de la construcción generadora de desarrollo, bienestar y prosperidad. ¿Cuál eliges tú?

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