24 de Septiembre de 2018

Opinión

Ingenuidad y malicia

Cuanto mayor sea la distancia entre lo que se dice y lo que realmente sucede, aunque para algunos el fin justifica todo, en ese grado se promocionan el error y la ignorancia.

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Es normal que sobre asuntos esotéricos, religiosos y dogmáticos, para dirimir puntos de vista diferentes y contradictorios, los argumentos que se utilicen sean de un contenido meramente discursivo y con alto grado de subjetivismo, pues, en última instancia, al no contar con elementos de prueba científicos, que puedan ser comprobables en el mundo real, todo se puede remitir a cuestiones de fe. Cada quien puede creer lo que quiera.

El problema para los catequistas y profetas, lo mismo que para los merolicos, comienza cuando se tratan asuntos que tienen que ver con la realidad, pues en ambos casos el producto que venden carece de las atribuciones que en el discurso les otorgan. Cuanto mayor sea la distancia entre lo que se dice y lo que realmente sucede, aunque para algunos el fin justifica todo, en ese grado se promocionan el error y la ignorancia.   

Lo que sucede con mucha frecuencia en la actividad política, con los políticos, como hemos podido tristemente observar entre diputados y senadores que ven la tribuna parlamentaria solamente como la oportunidad de hacer demagogia para quedar bien con sus patrocinadores y jefes políticos. Lo peor es cuando presumen de lo contrario de lo que hacen.

Como en el caso de Anaya, presidente del PAN, que dice que su partido apoya a los candidatos independientes, aun cuando un subalterno suyo, el gobernador poblano, dicta leyes para obstaculizarlos; además de que en su “proyecto” de ley busca abrir la posibilidad para que su partido pueda aliarse con ellos, si van arriba en las encuestas, al final del proceso electoral. Difícil ver un oportunismo más exacerbado, tanto que mereció el apoyo del PRD.

O el de una senadora de origen peninsular, que pretende encajonar la realidad a su pobre esquemita, de que fueron el Gobierno Federal y el Ejército los culpables de la tragedia. ¡Fue el Estado!, grita, aunque fueron su partido y su líder AMLO los que apoyaron al presidente municipal de Iguala, protagonista principal  del crimen, en colusión con el narco.

Pero los habitantes de ese mundo paralelo trascienden los muros de los recintos legislativos y podemos encontrarlos en las calles, como los profesores que, con tal de no dar clases, se especializan en organizar bloqueos, plantones y manifestaciones, donde son excepcionales los casos en que no hay desmanes, ni destrucción de negocios y oficinas públicas.

Pero igual aquí, la otrora tierra que no se parece a ninguna, hay integrantes de ese mundo bizarro, por contradictorio, que, cerrando los ojos a la realidad, afirman que fue un acierto de Renán Barrera el cambio de lámparas, aunque los meridanos tengamos que pagar el triple y consuman más energía; y que el paso a desnivel en el Paseo de Montejo fue un error porque se aniega… en sus ingenuas  mentes.

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