22 de Septiembre de 2018

Opinión

Inocultable corrupción

La más asquerosa obra de corrupción hoy llamada la “Megaescultura”, continúa siendo una de las historias más recientes del tráfico de influencias.

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La más asquerosa obra de corrupción hoy llamada la “Megaescultura”, continúa siendo una de las historias más recientes del tráfico de influencias, y el más claro ejemplo de cómo algunos gobernantes utilizan los recursos recabados por los impuestos para enriquecerse a costa del pueblo.

Su negro origen, su hedor a corrupción, hacen a la “Megaescultura” única en su género. La mole de fierros retorcidos que crece desde las profundidades de la bahía de Chetumal ha mostrado desde su nacimiento que para lo único que serviría seria para que un empresario (Marciano Medina), un gobernante (Joaquín Hendricks Díaz) y un escultor (Enrique Carbajal) se robaran más de 120 millones de pesos. 

Para el ex gobernador y sus cómplices la “Megaescultura” sería un justificante, un pretexto para poder lavar y apoderarse tranquilamente de 120 millones de pesos, como un “bono de gratificación por sus servicios al pueblo”. 

Documentos oficiales de la p ropia administración de Quintana Roo muestran y comprueban el robo descarado que realizaron estos sujetos.

Fueron los diputados de la XI Legislatura, quienes pudieron destapar la caja de corrupción más grande de los últimos tiempos; triste acción que solo quedó en el intento. En los gritos ahogados de un solo parlamentario, llamado Gastón Alegre López, quien, solo, pidió en reiteradas ocasiones sin ser escuchado por sus compañeros que se abrieran los archivos de la obra más grande a la corrupción.

El dispendio de los recursos públicos fue descomunal y solo sirvió para enriquecer más a los involucrados y para que su edificador, el escultor “Sebastián”, llamara ignorantes a los quintanarroenses. 

“La miel no es para los burros” dijo en entrevista exclusiva en el aeropuerto de Chetumal en el 2006. La premura con que se sacaron de las arcas públicas cheques millonarios muestra como Joaquín Hendricks Díaz, Marciano Medina y “Sebastián”, se apoderaron de los recursos del pueblo sin que nadie los detuviera.

Pese a lo cerrado del caso, y después de que se aprobaron las cuentas públicas y de que se archivaron los movimientos financieros de la pasada administración, por 18 años.

Obtuvimos documentación oficial de las transacciones para sacar los recursos del patrimonio estatal, incluso a escasas horas de que Joaquín Hendricks Díaz dejara el poder.

El primero de los pagos se realizó el 27 de septiembre del 2004. Fue a través de un documento del banco HSBC, marcado con el número 63663, por un monto de 50 millones de pesos.

Dos meses después, es decir, en diciembre de ese mismo año, se sacaron 10 millones de pesos adicionales al primer pago como parte de gasto corriente, es decir para pagar los honorarios del empresario Marciano Medina. 

Dos meses después, es decir en febrero del 2005, se sacan de las arcas 7 millones de pesos más. Hasta aquí, el monto de lo aportado por parte del gobierno de Quintana Roo para la construcción de la “Megaescultura” sumaba 67 millones de pesos, es decir, más del 50 por ciento de lo presupuestado en su primera fase sin que se hayan avanzado los trabajos en esa misma proporción.

A escasos 60 días de que Joaquín Hendricks Díaz abandonara el poder se agilizaron los pagos, de tal forma que el 15 de marzo se sacaron con el cheque número 67978 diez millones de pesos adicionales.

Para este momento, lo erogado con recursos de las arcas estatales sumaban 77 millones de pesos. Pese a que los trabajos no avanzaban los recursos entregados a los involucrados  seguían saliendo.

A 12 horas de que Joaquín Hendricks Díaz, dejara el poder, es decir, el 4 de abril del 2005, se sacaron con el cheque número 68615 del banco HSBC 23 millones de pesos, haciendo un total de 100 millones.

Meses más tarde la XII Legislatura, encabezada por Manuel Valencia Cardín otorgaría 25 millones adicionales para la culminación de la primera parte, obra que a más de nueve años de distancia no se ha concluido.

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