10 de Diciembre de 2017

Opinión

La insoportable densidad del ser

Cualquier comentario que hagas, por más leve que sea, es tomado por liberales y conservadores o radicales libres, y se ponen como locos debido a su temperamento de cavernicolitas, para caer en cualquier provocación.

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Decía fray Servando Teresa de Mier, citado eternamente por la Maldita Vecindad, que “si el hecho es trágico, el genio debe ser festivo”. Una idea que por lo regular en México no encuentra caja de resonancia —ya sabemos que lo nuestro es hacer caso omiso del viejo adagio No te azotes que hay chayotes—, aunque tomando en cuenta la historia equívoca y contrariada de la osamenta de tan distinguido intelectual nada orgánico, que sin duda parece haber inspirado a Santa Evita en materia de extravíos post mórtem, no se le puede acusar de incongruente.

Tristemente hoy ese espíritu se ha olvidado, son tiempos donde impera la solemnidad, la histeria colectiva y el melodrama ranchero. Por eso tratar de hacer humor en estos días es más estresante que trabajar de presidente del PRD y ser chuchista nada leninista. O más deprimente que laborar en Hacienda y contradecirse cada ocho días en materia de expectativas de crecimiento.

Lo que se percibe no es un tufillo. Es un auténtico hedor a intolerancia y resentimiento. Se han perdido las herramientas para detectar las ironías, no hay espacios para la comedia, y el humor es penalizado con furor forense. Y es que sus apolillados detractores de izquierda o de derecha (el centro se ha quedado más solo que los hoteles en Kafkapulco) sacan su fuerza del encabronamiento, no de la inteligencia ni de la sensibilidad ni de los cursos de autoayuda.

Cualquier comentario que hagas, por más leve que sea, es tomado por liberales y conservadores, radicales libres o plomos derechosos a la manera de una afrenta a sus dioses y héroes. Y se ponen como locos debido a la recalcitrante naturaleza de su temperamento de cavernicolitas, convirtiéndose por lo tanto en pasto fértil para caer en cualquier provocación.

Para probarlo nomás atrévanse a hacer un chiste en Twitter sobre los anarquistas y los granaderos jugando a las pipis y gañas y se despertarán las turbas inquisitoriales. O señale con la menor agudeza posible hacia alguna secretaría o Los Pinos y hagan de cuenta que maldijiste los clavos de Cristo. Y por lo tanto experimentarás una terapia como la de los enemigos de El NegroDurazo en las orillas del río Tula.

Ante el imperio de la insoportable densidad del ser, quizá sea el momento de seguir la recomendación del gran Beckett mientras esperamos al Godot de la justicia: cuando se tiene la mierda hasta el cuello, lo mejor es ponerse a cantar. Quizá “Always Look the Bright Side of Life” de Monty Python.

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