20 de Septiembre de 2018

Opinión

IoT

IoT consiste en una red de objetos o cosas, que tienen “incrustados” elementos electrónicos, software, sensores...

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¿Te has dado cuenta de cuántas cosas a tu alrededor están hoy  día conectadas al internet?

Desde luego, es muy probable que poseas un “smartphone” del cual no te despegas en ningún momento. Muchas personas critican esta presunta “adicción colectiva” que un elevado porcentaje de la población padece, resaltan los peligros de sufrir accidentes cuando hacemos uso de estos aparatos mientras conducimos un automóvil, y se lamentan de la decadencia en nuestra capacidad de comunicarnos con quienes están cerca por estar al pendiente de una pequeña pantalla. Por otro lado, resulta muy poderosa la idea de estar, como nunca antes en la historia, conectados y comunicados con el planeta entero, con una rapidez y eficiencia jamás imaginadas.

Mucho más allá de estas impresionantes y asombrosas redes de comunicación entre los seres humanos, hoy cobra relevancia una corriente que se refiere a El Internet de las Cosas, conocida también con el acrónimo IoT por su significado en el idioma Inglés: “Internet of Things”, término acuñado en 1999 por el empresario británico Kevin Ashton en el “Auto-ID center”, un centro de investigación fundado por él mismo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). También se le ha llamado el internet del todo o la red de todas las cosas, y en ocasiones suele referirse al momento en el tiempo en que estarían conectados a internet más cosas u objetos que personas. Expertos estiman que para el año 2020, cerca de 50 billones de objetos formarán parte de esta red.

IoT consiste en una red de objetos o cosas, que tienen “incrustados” elementos electrónicos, software, sensores o dispositivos de conectividad, para permitir que esos objetos generen, almacenen, procesen e intercambien datos, útiles para un mejor control, eficiencia, precisión, operación y automatización, que deriven en beneficios económicos gracias a esta interacción e integración directa entre el mundo real, y los sistemas basados en computadoras.

El primer objeto conectado a internet fue una máquina dispensadora de Coca Cola ubicada en la Universidad de Carnegie Mellon, de Pittsburgo, Pennsylvania, que en 1982 fue modificada para ser capaz de reportar su inventario y si las bebidas que habían sido cargadas más recientemente ya se encontraban frías. La evolución de este tema ha sido tan dinámica, que el gobierno del Reino Unido destinó en su presupuesto para 2015, 40 millones de libras esterlinas solamente para investigaciones relacionadas con el Internet de las Cosas.

Ashton declaró en un artículo en 2009: “Si tuviéramos ordenadores que supieran todo lo que tuvieran que saber sobre las cosas, mediante el uso de datos que ellos mismos pudieran recoger sin nuestra ayuda, nosotros podríamos monitorizar, contar y localizar todo a nuestro alrededor. Sabríamos cuándo remplazar, reparar o recuperar lo que fuera, así como conocer si su funcionamiento estuviera siendo correcto. El Internet de las Cosas tiene el potencial para cambiar el mundo tal y como hizo la revolución digital hace algunas décadas. Tal vez incluso hasta más”.

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