19 de Julio de 2018

Opinión

J.G. Posada: transmisor

La muestra está compuesta por tres núcleos o secciones en los que se exhibe el tránsito del autor y su obra

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Por cuestiones de turismo cultural, el pasado jueves 14 de marzo tuve la oportunidad de asistir a la inauguración de la exposición José Guadalupe Posada: transmisor en el Museo Nacional de Arte, en la ciudad de México, como parte de las celebraciones que se han estado realizando a lo largo del país al cumplirse el centenario del fallecimiento del artista (acaecido el 20 de enero de 1913).

Si bien inicialmente tuve mis reticencias para acudir a la muestra, dado que a fines del año pasado en Mérida también hubo una exposición conmemorativa de Posada en el Centro Cultural Olimpo y puesto que este grabador es uno de los artistas más vistos, conocidos e influyentes al formar parte del imaginario colectivo mexicano desde el siglo XX (en parte gracias al rescate que el movimiento nacionalista hizo de su obra), debo reconocer que salí gratamente sorprendido del recorrido que hice acompañado de la responsable de prensa del MUNAL, Beatriz Servín Hernández, quien, atenta y solícita, me señaló las novedades y aportaciones de la exposición.

De entrada, la muestra está compuesta por tres núcleos o secciones en los que se exhibe el tránsito del autor y su obra a través del tiempo, desde sus inicios como grabador, hasta su consolidación como referente visual dentro de la cultura mexicana, así como lecturas y reinterpretaciones de su obra hechas por artistas contemporáneos en diversos soportes tanto físicos como digitales.

La distribución museográfica y la curaduría permiten caminar por las salas de manera fluida, de modo que paulatinamente el visitante pueda asimilar la información presentada, que de otra forma podría ser abrumadora para un receptor que se ve rodeado de obra, fichas informativas, material auditivo, proyecciones y demás elementos multimedia.

No obstante, se logra el objetivo conceptual de la exposición, que es homenajear, revalorar y situar la importancia de José Guadalpue Posada como transmisor de su iconografía a partir del contexto temporal, social y visual, hasta llegar a nuestros días, en los cuales sus repercusiones son evidentes tanto en lo artístico, lo popular y lo mediático, como lo es el periodismo, la publicidad y el diseño, ámbitos desde los cuales la calavera de don José Guadalupe nos sigue mirando con su sonrisa desdentada, burlona y macabra...

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