13 de Diciembre de 2017

Opinión

Justicia y elecciones

La eficaz y desapasionada procuración e impartición de justicia es lo que debe exigirse en el proceso que enfrenta la ex alcaldesa de Tulum.

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La eficaz y desapasionada procuración e impartición de justicia es lo que debe exigirse en el proceso que enfrenta la ex alcaldesa de Tulum, Edith Mendoza Pino, ya que su captura ocurre con un calendario electoral muy adelantado, desde antes de que el Congreso del Estado diera su aval a las candidaturas independientes que entrarían en vigor en 2013, si la Suprema Corte no dice lo contrario.
 
Los antecedentes de este tipo de casos alimentan el escepticismo, ya que han ocurrido en coyunturas repletas de carga política o partidista.
 
El caso más sonado en lo inmediato fue el del ex alcalde de Cancún y otrora miembro del Partido de la Revolución Democrática, Juan Ignacio García Zalvidea, cuyo expediente fue dejado en el olvido una vez que dejó de ser amenaza para el PRI, siendo desde entonces su aliado a toda prueba.
 
Edith no representa una amenaza electoral, pero no forma parte del grupo gobernante y ha sido una intolerable piedra en el zapato, sin aceptar asumir un papel discreto una vez que fue desplazada de la alcaldía. 
 
Quedó demostrado que la Comisión Instructora del Congreso del Estado tuvo un papel  escasamente significativo a lo largo de los meses, ya que la Auditoría Superior del Estado, a cargo de Emiliano Novelo Rivero, desempeñó finalmente el papel estelar para que la Procuraduría de Justicia del Estado diera el zarpazo el pasado viernes. 
 
Si acaso el proceso desencadenado para someter a juicio político a Edith Mendoza fue un mensaje para que la priista aceptara asumir un perfil resignado, perdiéndose en las sombras en definitiva. Pero su ofensiva despertó a esa Auditoría Superior cuya fuerza letal fue padecida en carne propia por Gregorio Sánchez Martínez cuando intentó ser candidato de las izquierdas al Senado en el pasado proceso federal.
 
¿Tendrá el caso Edith el potencial suficiente para afectar al PRI de cara a la próxima contienda? De hecho, la oposición ya metió su cuchara y la ex alcaldesa está muy ligada al ex diputado federal Carlos Joaquín González, quien formó parte del equipo de transición del actual presidente, Enrique Peña Nieto. 
 
Un proceso titubeante y nebuloso puede ser el caldo de cultivo que convierta a Edith Mendoza en una figura más incómoda para el PRI y aprovechable sobre todo para un perredismo que  caza al vuelo este tipo de obsequios. 
 
Un cambio, un proceso con todos los hilos bajo control puede desactivar la carga partidista, preservando el asunto en la arena judicial, para que se determinen grados de culpabilidad o en todo caso la inocencia de la inculpada. 
 
Por lo pronto, el caso Edith se suma al proceso electoral que ya tiene como primer invitado el expediente de las candidaturas independientes, con dos oponentes que se están aplicando a fondo porque esta elección no es cosa de juego.

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