21 de Noviembre de 2018

Opinión

Kinky boots

Basado en una película inglesa, a su vez inspirada en un hecho real, Kinky Boots narra cómo una seria y muy británica fábrica de zapatos al borde de la quiebra se salva.

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Para quienes gozamos con la verdad de las artes escénicas, la entrega de los Premios Tony es mucho más importante que la millonaria frivolidad del Oscar, aunque los Tony sólo abarquen el teatro, comercial o no, de Broadway. Se otorgan desde los años 40 (están asociados a la Guerra Mundial) tanto por la American Theatre Wing, de actores, como por la Broadway League, de productores.

Dado el sistema de producción de Broadway, es prácticamente seguro que lo mejor de ese teatro neoyorquino sea montado en múltiples lenguas y en las grandes capitales siguiendo al pie de la letra no sólo las acotaciones de las obras sino los planos originales de las puestas. Ha sido el caso de Cats, Chicago,

El fantasma de la ópera y decenas de obras más tanto musicales como grandes dramas. Por ejemplo, el Tony al mejor actor de obra no musical se lo llevó Tracy Letts, respetado dramaturgo y actor, por la reposición de ¿Quién teme a Virginia Woolf?, y el Tony a la mejor obra no musical fue para Vanya and Sonia and Masha and Spike del incisivo y brillante Christopher Durang.

Pero fue Kinky Boots  el musical que se llevó la noche del 9 de junio.

Basado en una película inglesa, a su vez inspirada en un hecho real, Kinky Boots narra cómo una seria y muy británica fábrica de zapatos al borde de la quiebra se salva gracias a la intervención de una “drag queen”, o travesti enloquecida, que convence al muy heterosexual y decente dueño de que en vez de aburridos zapatos fabriquen exageradísimas botas de plataforma para “drag queens”, o travestis enloquecidas. Es decir, que fabriquen ¡kinky boots!

Además de la brillantez de la obra y, de la también premiada participación musical de Cindy Lauper, nada menos, se ofrece una lección urgente e invaluable: “Cuando usted acepta la diferencia es capaz de cambiar el mundo”. 
Billy Porter, el actor y coreógrafo ganador del Tony por Kinky Boots, que personifica a la “drag queen” en esta obra, saludó a su madre “por ser capaz de amar aun lo que no comprende”.

El sábado 16, en Mérida, un joven valiente, con la bandera gay del arco iris, invitaba a la marcha por la diversidad sexual con estas palabras: “Abre tu mente, abre tu corazón, somos como somos, somos libertad”.

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