21 de Octubre de 2018

Opinión

La belleza animal...

La obra 'La melancolía del animal en cautiverio' es un experimento estético que nos enfrenta a la abstracción de nuestros pensamientos.

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Hace un par de semanas tuve la oportunidad de presenciar una función un tanto sui generis pero que por sus características llamó mi atención y no abandonó mis reflexiones, razón por la cual aquí consigno lo acontecido en el espacio del Teatro La Rendija. La obra en cuestión fue “La melancolía del animal en cautiverio”, cuyo concepto, realización y dirección artística estuvo a cargo de Manuel Estrella, que, acompañado de Zizinete Maravé, tuvo la oportunidad de liberar a la bestia corporal que todos tenemos dentro, en el marco de la clínica de proyectos de La Rendija.

De entrada, debo advertir a los lectores que ésta no es una obra de teatro como tal, sino más bien un espectáculo multidisciplinario emparentado en su mayoría con el performance sonoro y la danza contemporánea, pues si bien hay elementos dramáticos la puesta en escena busca mirar las posibilidades de la exploración del cuerpo a través de movimientos orgánicos que ocupan el espacio escénico en conjunción con tecnologías sonoras y visuales que hacen las veces de musicalización y escenografía, respectivamente.

Al no haber un guión como tal, el espectador poco avezado podría desconcertarse; sin embargo, como sucede con otras expresiones artísticas contemporáneas, ésta busca provocar una experiencia sensorial y generar una sensación estética ante lo visto, ante lo expuesto, pues la búsqueda de la belleza es insondable y se vale de múltiples recursos abiertos a interpretación.

Ambos bailarines, actantes de su propio entorno, crean con sus voces y cuerpos sonidos que posteriormente son procesados a través de un ordenador que los mezcla hasta que uno acaba percibiendo loops y beats que cobijan el desenvolvimiento de los cuerpos, animales sudorosos que exudan experimentación, originalidad, creación y vitalismo exacerbado.

Por otro lado, valiéndose de un sensor de movimiento (Kinect), la pantalla que se encuentra a sus espaldas comienza a mostrarnos la interacción de los danzantes con los visuales que sus propios movimientos han dado lugar, en un ejercicio lúdico que involucra el espacio y la misma corporalidad como elemento catalizador de lo presenciado.

Esta puesta en escena es un work in progress en el cual el espectador no encontrará una narratividad tradicional, sino un experimento estético no lineal que nos enfrenta a la abstracción de nuestros pensamientos y los confronta con el soma liberado. Uno sale con más preguntas que respuestas, si bien esta burda reseña intenta responder al misterio oculto detrás de la melancólica belleza…

Usted podrá acechar al animal cautivo del 26 al 29 de junio, y el 2, 3 y 5 de julio.

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