18 de Febrero de 2018

Opinión

La caza deportiva bajo la lupa

La reciente muerte de un león que resultó ser una celebridad se ha convertido en un verdadero faro sobre la justicia o no de la caza deportiva...

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La reciente muerte de un león que resultó ser una celebridad se ha convertido en un verdadero faro sobre la justicia o no de la caza deportiva. Este tema levanta fuertes opiniones encontradas.

Resulta impactante ver las crueldades que le han escrito en la puerta del dentista norteamericano que cazó al león, bueno, medio lo cazó, porque ni puntería tenía, tuvieron que rematarlo 40 horas después. El hombre en cuestión ha sido amenazado de muerte por medio mundo y muchas de esas personas gustosamente le arrancarían hasta los dientes sin anestesia.

Ahora bien, lo que me resulta intrigante, es que estoy seguro que esas personas y muchos de ustedes mismos que han soltado gritos de insulto por el león, salen gustosos a engullirse una buena hamburguesa de ganado ejecutado en condiciones mucho más lamentables que las que llevaron a la muerte a ese león. Conste que no soy vegano, ni creo en ellos, creo que los veganos lo son mientras los que comemos carne les demos luz eléctrica para sus refrigeradores de verduras o les tangamos agua corriente para lavarlas. 

Estoy seguro también que ellos y muchos de ustedes cierran el periódico o cambian de canal con un bostezo cuando ven las trilladas noticias de las masacres de suplicantes inocentes por ISIS o incluso niños ejecutados por fusilamientos.

Sin embargo, ven la muerte de un león con una melena digna de envidia por cualquier salsero como algo realmente cruel y se ponen con eso más papistas que el Papa.

No estoy de acuerdo con la caza sin provecho, esa es mi postura, en este mismo espacio he destinado párrafos en diatribas por las crueldades de ISIS, luego me como la hamburguesa y devoro un buen pedazo de un dulce Bambi recién cazado el día anterior. Mi política es que si lo mato, me lo como.

Cierta ocasión salí a pescar Marlin y cuando saqué del agua a semejante belleza para tomarme una buena foto y luego usar un kilo en el mentado “tiradito”, que está bueno para un rato pero no para comerlo a diario, juré no volver a hacerlo y no permito que nadie mate en mi presencia sin provecho. Matar para satisfacer egos o para practicar punterías contra blancos móviles es una verdadera crueldad que tarde o temprano terminará por desaparecer por puro avance social.

Es cruel porque se priva una vida sin provecho real alguno, más que emoción y la satisfacción de no sé cuál instinto primario que personalmente no encuentro en mí. El amor por semejante monstruosidad es producto de algo inculcado desde la infancia, no es posible que una persona normal, tenga instintos asesinos sobre criaturas indefensas. El dentista, creo que ya pagó lo suficiente, tuvo que cerrar el consultorio porque lo iban a asar en público y no merece menos. Ahora bien, tampoco es para tanto, si no se mueven para incendiar la embajada de Pakistán por los casos de ablaciones a niñas no hagan tanto arguende por un león, no sean hipócritas.

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