24 de Septiembre de 2018

Opinión

La ciudad y el medio ambiente

Nuestros hijos necesitan convivir con la naturaleza, aprender que el mundo que habitan no es sólo el espacio urbano.

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La urbanización constituye uno de los procesos más rápidos y de mayor importancia del cambio global que el hombre promueve sobre la faz del planeta; en este proceso, el simple hecho de vivir en una ciudad trae consigo una serie de elementos a los que estamos expuestos, como el paisaje urbano, sus habitantes y los sistemas de organización, los cuales casi siempre no son los que quisiéramos elegir. De esta manera, vivir en una ciudad nos puede exponer a usos y costumbres que nos molestan y a desórdenes en la ocupación del espacio urbano por usos del suelo no compatibles con la vivienda, más allá de las alteraciones que este crecimiento produce sobre el medio ambiente.

En este contexto, nuestros hijos necesitan convivir con la naturaleza, aprender que el mundo que habitan no es sólo el espacio urbano y que los alimentos más recomendables salen de ese espacio cada día más olvidado que es el campo, que debería ser el principal proveedor de nuestra dieta diaria.

Una condición implícita a vivir en una ciudad es la avalancha publicitaria, que pareciera ser el elemento obligado en la construcción del paisaje urbano, que subliminal o directamente impulsa a las personas a adquirir muchas cosas que no necesitan, definiendo hábitos de consumo inadecuados. 

Pero este proceso ha tenido afortunadamente un freno en muchas ciudades de la mano de la corriente de la ecología urbana, que se enfoca al estudio de cada ciudad y su entorno como un tipo particular de ecosistema, analizando su metabolismo, es decir, los flujos de materia y energía, lo que permite entender y corregir las consecuencias de la expansión urbana. 

En este contexto, es importante conocer los efectos que la naturaleza ejerce sobre la ciudad y sus habitantes, la mayoría de ellos benéficos, los cuales se pueden cuantificar de diferentes maneras: la cantidad de contaminantes que la vegetación transforma o absorbe, su influencia en el clima, los costos que representaría eliminar sus servicios o los ahorros y beneficios que conlleva su gestión hacia su mejora y conservación; de ahí la importancia de ciudadanizar la planeación del desarrollo urbano, en un proceso que permita acceder a una mejor ciudad en beneficio de todos y de todo.

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