24 de Septiembre de 2018

Opinión

La CMIC, o la nostalgia del “bisne”

En las oficinas de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) en Chetumal se escuchan fuertes llantos y gimoteos de un alma en pena que deambula...

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En las oficinas de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) en Chetumal se escuchan fuertes llantos y gimoteos de un alma en pena que deambula por los pasillos, añorando los privilegios del pasado. ¡Aaaay mis “bisnes”!, es el quejido que se le escucha decir a este ente que no pertenece al más allá.

Los lamentos salen del mero mero de la Cámara, del presidente Pedro Santos Huchín, quien soñó con enriquecerse en grande una vez que tomara el mando de la agrupación de constructores, pero sus anhelos se hicieron puré con el nuevo gobierno que le ha hecho difícil capitalizar privilegios a golpe de influyentismo.  

Y es que por complicidad u omisión, la mayoría de los empresarios constructores han sido partícipes de la corrupción gubernamental al fomentar las prácticas desleales de ofertar enormes montos en efectivo que van directo al bolsillo de funcionarios ambiciosos, aunque el costo lo pagamos los ciudadanos con obras excesivamente costosas y de pésima calidad.

El ingeniero Pedro Santos no es ajeno a estas prácticas, de hecho las conoce muy bien, pues según denuncias de algunos integrantes de la CMIC que, por obvias razones acusaron desde el anonimato, el dirigente ha utilizado el puesto para acaparar licitaciones para él y su camarilla de cuates.

Las fuentes pusieron como el mejor ejemplo de su parcialidad la discrecional forma en que ha manejado el Indelacro, que es un fondo que administra la CMIC y que se integra de las retenciones que se le hacen a cada constructor que ejecuta un contrato con la administración pública estatal o federal.

Este fondo provee recursos para capitalizar a los constructores que lo requieran, y en teoría todos los agremiados de la Cámara tienen acceso a él, pero varios de los miembros aseguran que esto no ha sido así bajo la dirección de Santos Huchín, quien ha manejado el fondo como si fuera su caja chica particular favoreciendo a sus allegados y excluyendo a los que considera sus enemigos, por lo que están considerando solicitar una auditoría sobre el manejo de estos recursos.

Pero lo que tiene verdaderamente molesto al líder de la CMIC no es el rechazo de buena parte de sus miembros hacia su gestión, sino el cambio de condiciones en la asignación de obra en la administración estatal, pastel del que esperaba servirse un gran trozo, pero solo ha logrado conseguir migajas.

Y es que Santos Huchín construyó palacios de oro y diamantes en el aire desde las campañas electorales del año pasado, cuando apostó fuerte por el candidato a la gubernatura del PRI, Mauricio Góngora Escalante, pensando que tenía el triunfo asegurado y que esto le abriría las puertas de la riqueza.

Junto con el ex funcionario y también constructor, Ramón Mex, uno de sus allegados más cercanos, operaron la creación de grupos de acaudalados empresarios para financiar las campañas del candidato priista, y también de la candidata Tricolor en la capital, Arlet Mólgora Glover.

La apuesta no resultó. A pesar de ello, Pedro Santos ha intentado meter presión a las autoridades gubernamentales usando su posición para conseguir contratos y licitaciones de forma directa, pero se ha topado con pared, pues el gobernador Carlos Joaquín está exigiendo a las dependencias transparencia en las licitaciones, realizando convocatorias abiertas y en igualdad de condiciones donde el presidente de la CMIC no compite, pues sus proyectos concursan, pero no ganan.

El dirigente camaral anda desesperado por recuperar lo invertido, tocando puertas y metiendo presión a gobiernos municipales y a dependencias estatales, e incluso lanzando ataques por debajo de la mesa contra funcionarios que le han puesto un alto a sus añejas prácticas del cochupo como medio de presión para lograr sus fines.

Ni modo. Será para la próxima.

 

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