25 de Septiembre de 2018

Opinión

La CNTE ya perdió

Aunque la mayoría de profes de la CNTE han de ignorarlo, sus dirigentes bien saben que sus abusivos usos y costumbres están condenados a la extinción.

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El dictamen de la Ley del Servicio Profesional Docente (“corazón de la reforma educativa”), cuyo sometimiento al pleno de la Cámara de Diputados quedó pendiente porque el PRD lo solicitó así al PRI y al gobierno federal para intentar despresurizar la rijosa protesta de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, se aprobará tal cual en los primeros días de septiembre.

Imaginar que de la reunión a la que fueron invitados hoy en San Lázaro se saldrán con la suya los líderes de la organización es tan insensato como suponer que se pueden detener las olas. 

Aunque el jueves, con su sabotaje a la Ciudad de México, los maistros dieron la impresión de haber logrado “someter” al Poder Legislativo, lo cierto es que los diputados aprobaron, sin más dificultad que sesionar en un recinto privado, el dictamen que modifica la Ley General de Educación para constituir el Instituto Nacional de Evaluación y la ley que regirá este nuevo organismo.

Quedó pendiente la Ley General del Servicio Profesional Docente, misma que ningún plantón, ninguna nueva manifestación pacífica o violenta de protesta, detendrá.

Aunque la mayoría de profes de la CNTE (minoría ínfima de quizá 90 o 100 mil si se recuerda que hay casi un millón 300 mil maestros de enseñanza básica) han de ignorarlo, pero sus dirigentes bien saben que sus abusivos usos y costumbres están condenados a la extinción.

Buena parte del problema que representa la regresiva facción formalmente “magisterial” ha sido que se le trate como si tuviera un verdadero alcance “nacional”, y mirar a sus dirigentes y militantes como profesores comunes y corrientes (con vocación pedagógica y compromiso con la enseñanza, o sea dignos), en vez de asumirlos como lo que son: activistas de un corrosivo movimiento político vergonzante.

Incapaz de ganar de manera democrática la dirigencia del sindicato, este sí, nacional del magisterio, la CNTE predomina en una sola de las 32 entidades federativas: Oaxaca, donde unos 73 mil en la nómina mantienen a un millón 300 mil alumnos en el último lugar de aprovechamiento escolar en el país porque lo suyo, lo realmente suyo, no es honrar las plazas que regentea, sino medrar con éstas, paralizar escuelas y aprovechar el pretexto que sea para succionar del erario inmerecidas prebendas.

El alcahueteo que les brindan algunos gobiernos (el de Oaxaca, por supuesto, pero también de Michoacán, Chiapas o Guerrero), al grado de aceptar que sus “comisionados” trabajen como sus compinches en la administración de la enseñanza, alcanza grados demenciales cuando no solamente se les pagan los días en que realizan sus movilizaciones, sino se les recompensa con dádivas a las que, afortunadamente, la ley por aprobarse pondrá fin. 

Por festivos y aguerridos que se muestren para seguir en el desmadre y ante la inminencia de su nueva derrota, estos maistros hacen pensar en la rana que flota en media olla de agua puesta a calentar y que, cuando repara en el peligro en que se encuentra, ya está medio cocida... 

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