12 de Diciembre de 2017

Opinión

La crisis de la crisis

Aceptando sin conceder, que los 43 normalistas de Iguala aparecieran vivos...

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Aceptando sin conceder, que los 43 normalistas de Iguala aparecieran vivos, ese evento criminal deja abierto un abismo del México de hace dos semanas con el actual,  donde las fosas que han ido apareciendo con muertos deben igualmente ser investigados lo mismo  que los asesinados en Tlatlaya, Estado de México. 

El problema se agrava en la medida que el tiempo pasa. Los hechos de Ayotzinapa,  Guerrero, han motivado la búsqueda infructuosa de los jóvenes estudiantes normalistas y de los cómplices investidos en autoridad política y policíaca. El Estado mexicano comienza a mostrar incapacidad y la tensión social crispa en la medida que pone en evidencia la crisis de la otra realidad, la de la impunidad, y peor aún: la de la complicidad de funcionarios.

Hoy los remanentes pendientes se han detenido para enfocar el caso de esta barbarie evidente, pero además, ¿cómo podrá el gobierno mexicano resolver el caso Michoacán aun bajo el poder de “La Tuta” y el encarcelamiento del líder social, el Dr. Mireles. O el crimen de periodistas en Veracruz; las muertes en Tamaulipas y Ciudad Juárez; los 23 asesinados en el mismísimo Guerrero? 

Indudablemente lo que se perfila como la matanza de estudiantes en Ayotzinapa, ha puesto al desnudo la realidad escondida, tapada, simulada de este México “bronco”, que hoy ha caído a niveles bajos en su economía, educación, política y realidad social comparada con otros países  de la misma América Latina, que están viviendo un crecimiento positivo como lo es Bolivia, Chile, Ecuador, Colombia y Uruguay. Aquí el atraso, la marginación, la corrupción y la impunidad tienen secuestrado al país. Este es el producto de  un gobierno que llegó al poder a pesar del antecedente represivo a los campesinos de San Mateo Atenco. De su inclinación por atender más al mercado mundial, diseñando reformas antipopulares y favoreciendo al capital extranjero. 

La crisis de Ayotzinapa cada día pone en evidencia las limitaciones y la falta de buen juicio que debiera tener un verdadero estadista. La figura presidencial muestra la metamorfosis de lo que realmente es: una mercancía de cartón construida por la mercadotecnia y el marketing;  una persona desconocedora de la historia de su propio país y un individuo más propenso a los lujos del poder que al ejercicio popular del mismo. 

Hoy, México, ante los ojos de la Comunidad Internacional, es un país de cabeza, donde la violencia ha rebasado el buen juicio en el orden social, que las leyes las tienen secuestradas los hombres del poder. Y hasta ponen en duda la gobernalidad y sugieren la renuncia presidencial. Los países poderosos ven con asombro y temor invertir próximamente en México, atraídos por el apetito petrolero. Una de sus máximas es no exponer su dinero en países inestables. Por ello la crisis hará estallar otra crisis: la social.

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