14 de Noviembre de 2018

Opinión

La disputa por el pacto

La disputa por el pacto no es por su contenido, sino por las diferencias al interior de las organizaciones.

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Juego de espejos lo anticipó, la disputa en el PRD no era por el Pacto por México, sino por la interlocución con el gobierno. Una vez que los duros adquieren un espacio en la relación con el poder, la situación se vuelve más tersa y el partido de la izquierda transita con mayor claridad hacia la negociación. El secretario general, Alejandro Sánchez Camacho, en su reserva al acuerdo es una voz aislada y poco representativa.

La izquierda, a pesar de su fragmentación y condición de segunda fuerza en la elección pasada ha entendido la negociación política y la oportunidad que plantean los cambios, lo hace mejor que el PAN.

Esto ocurre porque los más resentidos por los comicios se fueron a la construcción de Morena. Es paradójico que la intransigencia devenga de los remanentes del calderonismo, un proyecto político fracasado que busca culpar de su debacle por igual a la candidata presidencial, al dirigente nacional del PAN y hasta a los mandatarios estatales.

La disputa por el pacto no es por su contenido, sino por las diferencias al interior de las organizaciones. El PRD las ha resuelto y presenta un frente unido hacia las próximas negociaciones; no así el PAN, porque no ha habido una deliberación sobre las razones de la derrota electoral y de allí, la construcción de un nuevo equilibrio. El calderonismo ha regateado una realidad: nunca el PAN había tenido el tercer sitio en las preferencias, incluso en 1988, si se considera la votación por partido, el albiazul alcanzó el segundo lugar.

El problema no es lo que sucedió, sino la nueva geografía del país y lo que está por delante. Con excepción de Puebla, Baja California y Sonora, los aliados del PAN en gobiernos locales son frágiles, no así los del PRD quienes tienen, además del DF, Morelos, Guerrero, Tabasco y Oaxaca. El PAN debiera ocuparse en recuperar su otrora fortaleza electoral. El calderonismo es el mayor problema por dos razones: pretende quedarse con el partido y es el obstáculo mayor para una interlocución inteligente y productiva con el gobierno de Peña Nieto.

De continuar así, la disputa por el pacto derivará en la preeminencia del PRI y de la izquierda. El PAN continuaría en el tercer sitio.

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