10 de Diciembre de 2017

Opinión

La enorme distancia entre Mérida y Chetumal

La avenida de los Héroes dejó de ser desde la década de los 90s la principal oferta comercial de la capital del estado...

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La avenida de los Héroes dejó de ser desde la década de los 90s la principal oferta comercial de la capital del estado, ampliamente superada por la zona libre de Belice que tuvo un boom en 1996, con la instalación de gasolineras (Esso, Schell y Texaco) que pusieron de rodillas a los gasolineros del patio.

Por ello encender todas las veladoras a los pies de una modernización de esta arteria es un sueño guajiro, ya que los únicos que sacarán jugoso provecho son los empresarios favorecidos con la concesión, comenzando por el chetumaleño Jorge Mercader Rodríguez. 

El éxito de esta avenida depende de la calidad y diversidad del menú comercial, y este debe estar a la altura de las exigencias de propios y extraños, yendo más allá de los puestos de fritangas, las casas de empeño y los establecimientos a la antigua, sin dar la opción de comprar con tarjeta de crédito y a meses sin intereses, anzuelo lanzado tiro por viaje por una tienda departamental de la plaza de las Américas que nos recuerda a Los Beatles.

Todo el primer cuadro de la capital debe ser oxigenado, pero la tarea debe ser compartida por los tres niveles de gobierno y por los comerciantes que siguen anclados en la venta de baratijas, dando por hecho que el queso de bola holandés y la mantequilla australiana serán irresistibles para medio mundo.

El principal atractivo de la Héroes es el histórico hotel Los Cocos, magistralmente manejado por Norman Angulo McLiberty. A la vuelta –sobre la Lázaro Cárdenas, a un lado de las temibles instalaciones de la CFE– cuenta con otro hotel modernísmo: el ABH. Ahí se agota la oferta en materia de hospedaje.  

Pero en el primer cuadro –sobre la avenida Alvaro Obregón – se ha plantado el mastodonte Fiesta Inn, único que ha emprendido una campaña de promoción en toda forma, siendo sede del programa radiofónico Desde el Café, en el que participan Eduardo Aguilar y Javier Venegas.

Los mejores restaurantes el primer cuadro no se encuentran en la avenida de los Héroes, sino en la Alvaro Obregón: el Patio del 30 (José Luis Pech Várguez) y Sergios (José Padilla Mendoza).

El recorrido por la parte antigua de Chetumal debe ser reforzado por otras opciones seductoras para el visitante, como nuestro delicioso bulevar Bahía. Los negocios que se encuentran a lo largo de esta arteria caribeña son el principal gancho para las familias, por encima de la avenida de los Héroes.

La estrategia debe contemplar el bosque, no un sendero de arbolitos. Y es aquí donde debe cerrar filas todo el sector privado para vender el concepto como un todo, para que la oferta sea irresistible y los beneficios lluevan en todos los prestadores de servicios.

La comparación entre estas capitales nos deja en el sótano, analizando el nivel de todos los servicios que pueden disfrutar y presumir  las familias. Y vaya que es justificable una oleada de viajes para tomar nota de los logros que caracterizan a aquella capital, que nos supera de calle en seguridad pública, restaurantes con sello propio, educación y servicios de salud.

Por motivos familiares he estado viajando a Mérida, comprobando la marcha de reloj suizo de esa capital añeja y sin achaques. Destaca la colocación de cámaras de vigilancia de alta definición, colocadas en cada cruce y que son monitoreadas por los elementos de Seguridad Pública.

Me cuentan que despistados hampones tuvieron la ocurrencia de cometer en secuestro en plena vía pública, quizá confiando en que se encontraban en Chetumal, donde las cámaras son de la marca Maizoro y no se las roban porque no valen un cacahuate. 

Los secuestradores fueron rastreados en su acelerada travesía, hasta ser ubicados en una colonia muy quitados de la pena. Y el grupo antisecuestros entró en acción.

Les cuento una anécdota: a mi hijo Javi se le escapó una pelota al patio de una casa abandonada, y se nos hizo fácil intentar rescatarla uniendo palos de escoba con alambre. Y en menos de cinco minutos ya estaba la patrulla ante nosotros, lo que confirma una envidiable efectividad del servicio tipo 066.

En Chetumal les brotan hasta barbas a los nietos mientras aguardas el arribo de los quelonios de seguridad pública, quienes tienen miedo de ingresar a ciertas colonias por temor a los ladrones.

Un ejemplo:

Una amiga egresada de la UNID estaba disfrutando una de sus fiestas de fin de cursos, en el cruce de la Heroica Escuela Naval con Cozumel. A las 9 de la noche descubrió el cristalazo en su auto, de donde le fueron sustraídos 7 mil 500 pesos en efectivo, así como un bolso con documentación.

Los policías preventivos pecaron de sinceros al decirle que los amos de esa colonia son “Los Tobas”, y que les tenían miedo y por ello ni harían los recorridos de rastreo. Plop.

Pero el mayor rezago lo tenemos en materia de servicios de salud, muy descuidados en todos los niveles. Este ha sido el mayor motivo de molestias, contratiempos, corajes e incluso luto.

Y quienes abracen la opción de las clínicas privadas, están perdidos. Recuerdo el caso de un amigo periodista a quien le fue diagnosticado un padecimiento erróneo que lo puso a las puertas de la muerte, siendo rescatado por el diagnóstico certero de un especialista de la clínica Campestre.                                     

Un hombre que dijo no a Cancún

¿Quién se atreve a rechazar la presidencia municipal de Cancún, acariciando a cambio la opción de ser alcalde de Felipe Carrillo Puerto? Eso ocurrió allá por 1977 y lo confirma Don Hernán Pastrana Pastrana, quien finalmente ocupó la silla del Ayuntamiento capitalino de Othón P. Blanco.

Cuenta Don Hernán que el gobernador Jesús Martínez Ross estaba muy preocupado por la posibilidad de que el centro del país designara de nuevo al próximo alcalde de Benito Juárez (Cancún), tal como lo había hecho con Alfonso Alarcón Morali, el primer alcalde de lo que era un embrión turístico.

La inquietud del gobernador cesó cuando un emisario de la Presidencia de la República le aseguró que la designación del próximo alcalde era asunto exclusivo del mandatario chetumaleño, quien entonces contempló en su entorno.

Recordemos que en aquellos años el PRI era amo absoluto de todas las posiciones políticas, de tal forma que el lanzamiento del candidato a lo que fuese era anuncio de un hecho consumado. La oposición en esos tiempos era inflada de la nada por el poder, tan sólo como adorno inofensivo del proceso definido de antemano.

Martínez Ross le preguntó a Don Hernán si le interesaba ser candidato a la presidencia de Cancún, pero este no se mostró muy entusiasmado. A cambio, se interesó en la presidencia municipal de Felipe Carrillo Puerto.

¿Por qué rechazar Cancún?, le pregunto en el café Encuentro, ubicado en pleno corazón de la avenida de los Héroes.

Para Don Hernán no era atractivo ser alcalde de Cancún no sólo por apartarse de su Chetumal, sino por los inconvenientes de una mudanza para asumir funciones nada gratas: pasar a segundo plano en cortes de listón y demás eventos de relumbrón, haciendo circo y maroma para conseguir hospedaje a los invitados especiales del gobernador, entre otro tipo de misiones odiosas.

Carrillo Puerto era más atractivo para Don Hernán, por todo el margen de maniobra que tendría en una demarcación donde había todo por hacer, en las cercanías de Chetumal. 

Don Hernán Pastrana es un político con enorme trayectoria, forjado nada menos que en gobierno de Javier Rojo Gómez, quien la hizo mucho de emoción para destaparlo como candidato a la diputación federal, en 1969.

Él ha sido el más destacado alcalde capitalino, cuya silla ocupó de 1978 a 1981. Uno de sus legados más visibles es el zoológico Payo Obispo, aunque lo más significativo fue el sello de honestidad y máxima eficacia que dio a su gestión.

Hombre en plenitud de facultades y con mucho que aportar a Quintana Roo, Don Hernán es actualmente una carta que Morena tendrá que ponderar en este proceso electoral.

“Prohibido rendirse”, dice Elvira

A nombre de la madre de mi hijo, agradezco todas las muestras de solidaridad que ha recibido de todos los amigos y seres queridos, muchos de ellos a la distancia.

Como muchos saben, a ella no le fue detectado un cáncer mamario, tanto en la clínica Carranza (por el médico radiólogo Hebert León Ureña) y en la Unidad de Especialidades Médica para la Detección del Cáncer de Mama (UNEME DEDICAM). 

Elvira mantiene su lucha con esa fortaleza que la caracteriza, alimentada por su fe en Dios y sus designios. “Prohibido rendirse”, es el mensaje público que mantiene en su teléfono móvil que ocupa muy ocasionalmente y del que se olvida por semanas, ya que es alérgica a eso de las redes sociales  y las frecuenta como una penitencia. 

“Mastrografías tienen un margen de error del 10 por ciento”, declaró a un medio local el titular de Salud del estado, Juan Ortegón Pacheco, quien dijo que “se investigara el caso de una mujer que resultó con cáncer de mama tras ser diagnosticada de manera errónea en la capital del estado, por ser un caso atípico”.

Lo atípico, señor Secretario, es que se equivoquen simultáneamente dos instancias, una pública y la otra privada. Y lo atípico a fin de cuentas es que en verdad investiguen y aprieten tuercas, por el bien de todas las mujeres en riesgo.

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