14 de Noviembre de 2018

Opinión

La enseñanza y la advertencia de la agresión en Polonia

La semana pasada un grupo de 17 tripulantes mexicanos del Buque Escuela Cuauhtémoc resultó con lesiones después de que los atacara un contingente de unas 300 personas...

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La semana pasada un grupo de 17 tripulantes mexicanos del Buque Escuela Cuauhtémoc resultó con lesiones después de que los atacara un contingente de unas 300 personas, presuntos seguidores de un equipo de fútbol, en una playa de Polonia, hecho que saturó las redes sociales con comentarios que en algunos casos constituían expresiones muy duras contra los nacionales de ese país.  

Los marinos mexicanos, cadetes de la Heroica Escuela Naval y otros oficiales de la Secretaría de Marina Armada de México (en total 57 tripulantes mexicanos), descansaban en la  playa de Gdynia, cuando fueron atacados sin ninguna razón aparente, aunque la prensa de ese país llegó a manejar la versión de que la agresión había comenzado porque un grupo de  mexicanos se habían dirigido con lenguaje soez a algunas de las mujeres que ahí se encontraban.

Otra versión apuntó en el sentido de que a los hooligans polacos no les había agradado la presencia de los mexicanos en playas de su ciudad natal, por motivos puramente racistas, a quienes llamaron  “negros” y “mestizos”. La radio local de ese lugar opinó que los agresores sólo habían tomado como pretexto una supuesta agresión a mujeres de su misma nacionalidad para ejercer actos de violencia y vandalismo.   

En un inicio habían sido detenidos seis mexicanos, por el incidente, aunque después los liberaron tras la intervención del encargado de  de la Sección Consular de la Embajada de México en Polonia, quien se trasladó  de inmediato a Gydnia. La SRE indicó que la Embajada mexicana presentó una nota diplomática al Ministerio de Asuntos Exteriores de Polonia, solicitando su intervención  “a fin de garantizar que las autoridades correspondientes deslinden responsabilidades sobre este deplorable incidente y se castigue a los culpables”.

En el Buque Cuauhtémoc se realiza cada año labor de adiestramiento con cadetes navales mexicanos y es el navío  más emblemático de la Marina Mexicana que ha surcado los mares por más de tres décadas, portando la bandera de la paz y solidaridad entre las naciones. 

El problema pronto tomó para Polonia la dimensión de un conflicto diplomático que de no atenderse con prontitud e inteligencia, podría poner en riesgo las estrechas relaciones entre las dos naciones. Pero los polacos demostraron sensibilidad y preocupación por resolverlo de la mejor manera. Liberaron de inmediato a los cadetes que se encontraban detenidos y sujetos a investigación; otorgaron la asistencia médica de primer nivel a los mexicanos lastimados y  de una u otra manera decidieron no ahondar en  el motivo real de la agresión, otorgándole mayor importancia al hecho en sí mismo de la agresión que sufrieron los mexicanos y que inclusive fue filmada por cámaras de seguridad.

Pero no se quedaron ahí.  La policía local en una aparente actitud  de llevar a cabo una investigación imparcial de la agresión subió a su página un video en el que pretendía probar que el ataque de los fanáticos del club local contra los mexicanos había provenido porque éstos se encontraban ingiriendo alcohol y molestando a algunas chicas en la playa.  El titular de la policía de Gdnya fue separado de inmediato de su cargo.       

Y luego los polacos (no por algo se les dice “polacos” a los políticos) prepararon un modesto pero emotivo acto de desagravio por la agresión de que fueron objeto nuestros marinos. Fueron despedidos por un contingente numeroso de vecinos del lugar y algunas niñas de rubios rizos les entregaron ramos de flores a algunos cadetes. 

No faltó desde luego el mensaje firme y seguro del alcalde que condenó la violencia, el racismo y la xenofobia. Les recordó al final de su perorata que no olvidaran que previamente al incidente habían sido nombrados huéspedes distinguidos de la ciudad y que el pueblo de Gdynia esperaba que regresaran pronto… Los marinos irán todavía a Portugal, Dinamarca, Noruega, Finlandia y Rusia, entre otros países; pero no olvidarán nunca a Polonia, aunque no precisamente con un mal sabor de boca, sabedores de que al menos dos agresores podrían pasar hasta cinco años en prisión por los cargos imputados.

La golpiza de que fueron objeto los marinos mexicanos trae una lección de sensatez y cordura en la forma de cómo se debe reaccionar cuando nacionales agreden a visitantes de otro país, independientemente si se ponen en riesgo o no las relaciones diplomáticas.

En Cancún si bien es cierto se han suscitado hechos aislados de agresiones entre mexicanos y extranjeros, estos no han trascendido del ámbito de las cuatro paredes de las discotecas de la zona hotelera, con excepción del caso de un joven turista holandés, Free Bronkhorts, que fue agredido, encarcelado por mas de un año y vejado en sus derechos fundamentales tras una riña con el hijo de un ex jefe policiaco y el hermano de un diputado del Partido Verde Ecologista de México, en el sexenio pasado.

Nadie lo desea, pero no estaremos exentos nunca de que nuestras playas se conviertan al calor del ímpetu de una juventud desencauzada, en una reproducción local del escenario de Gdynia. Pero no bastará la prevención policial ni la eficiencia y capacitación profesional de los persecutores del delito (representados por una Procuraduría de Justicia que por hoy no cuenta inclusive con agentes ministeriales políglotas) sino sobre todo se deberá contar con estadistas que entiendan que la imagen publicitaria de Cancún, por no decir  las relaciones internacionales, penden de un hilo que en el momento menos esperado se puede estirar lo suficiente para romperse. 

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