25 de Septiembre de 2018

Opinión

La Era Trump

Parafraseando al Presidente Roosevelt cuando se dirigió al congreso a raíz del ataque a Pearl Harbor...

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Parafraseando al Presidente Roosevelt cuando se dirigió al congreso a raíz del ataque a Pearl Harbor: “Hoy, enero 20 de 2017, un día que vivirá en la infamia”. El flamante presidente de Estados Unidos, la nación más poderosa de la tierra toma las riendas del poder que incluye el ejército más formidable jamás conocido y un arsenal de armas nucleares capaz de aniquilar la vida en la tierra varias veces. La incultura histórica del votante promedio estadounidense lo llevó a poner al mando de su país a un hombre que usa la misma retórica nacionalista de los hombres que han acabado en el basurero de la historia. 

Sus frases y enfoques son los mismos de todos ellos, llamarse los dadores de poder al pueblo cuando van a ser los que se lo quitarán en primer lugar al ponerle un bozal a la prensa libre; llamar enemigos del país a todo lo que sea externo, al que tarde o temprano culparán de sus inminentes fracasos por llevar las riendas de la economía con una puerilidad sin límite y como si las relaciones internacionales de negocios fueran un intercambio de balones.

Su discurso inaugural fue una perorata de advertencias de empoderamiento al pueblo que los populistas usan como un cúmulo de virtudes. 

Fue una advertencia a todos los miembros del legislativo que eventualmente pueden empezar un juicio para destituirlo por sus imbecilidades, de que si se les ocurre hacer algo los acusará de conspiradores. 

Al mencionar que él es el que va a pasar el poder al pueblo y quitárselo a Washington, advierte de antemano que si alguien intenta socavar su poder, va a hacerlo contra el pueblo y que será para devolverle el poder a los mismos explotadores de siempre. 

Los pobres incautos que lo aplauden no saben que el más poderoso sátrapa que ha visto esa nación es el que les va a quitar hasta el último resquicio de representatividad que tengan. Hará lo imposible para demostrar que las encuestas que tarde o temprano lo pongan en lodo de la impopularidad son “manipuladas” por los que ha bautizado como “enemigos del pueblo”. Habla de batallas de terceros cuando probablemente por él se lleven a cabo las guerras más viles en que se haya visto envuelto ese país.

Tristes tiempos se avecinan cuando el faro de la libertad en la tierra se opaque por la prepotencia de semejante hombre. Los propios enemigos de Estados Unidos han logrado socavar esa nación hasta ponerla en manos de Trump. 

Todos los izquierdistas de champagne y caviar, los intelectualoides de trinchera de terciopelo y raso; se la han vivido quejándose del caos en que la influencia de los Estados Unidos sume al mundo. 

Ahora verán el verdadero caos cuando las alianzas que encabezaba norteamérica se vean cojas con la salida de ésta y cómo los verdaderos villanos se enseñorean con el mundo. No tardarán en quejarse y entonces culparán a Trump del infierno que los rodee. A Trump lo pusieron ellos en el poder, con su intolerancia y con fustigar a los Estados Unidos sin control. 

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