20 de Septiembre de 2018

Opinión

La felicidad es para todos

Podríamos pensar que la felicidad sintética no es de la misma calidad que la felicidad natural.

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Uno de los últimos avances evolutivos convirtió nuestro cerebro en un simulador de experiencias. No es necesario probar una bebida con sabor a cebolla cruda para entender que sería desagradable.

Ahora, use esa capacidad para simular y dígame cómo podría ser más feliz: ¿ganando la lotería o quedando parapléjico? 

Dan Gilbert, profesor de la Universidad de Harvard, encontró la respuesta investigando: un año después de haber perdido las piernas o haber ganado la lotería, tu nivel de felicidad será el mismo (libro Stumbling on Happiness).

Nuestro simulador funciona mal: exageramos la intensidad de eventos futuros. Por ejemplo, imaginamos que perder nuestro trabajo o terminar una relación amorosa podría arruinar nuestra vida. La realidad: tres meses después de un evento traumático (con muy pocas excepciones), se diluye cualquier posible impacto en nuestra felicidad. 

¿Por qué? El secreto es que nuestra felicidad puede ser sintetizada. Estamos psicológicamente protegidos, transformamos la realidad del mundo a nuestra conveniencia para sentirnos mejor con lo que nos tocó vivir.

Eso nos ayuda a entender al 85% de los mexicanos que declaran estar “satisfechos con su vida” (Índice Para Una Vida Mejor, OCDE, 2013), aunque más de la mitad del país esté sumido en la pobreza.

Podríamos pensar que la felicidad sintética (la que procesamos cuando no obtenemos lo que queremos) no es de la misma calidad que la felicidad natural (obtenida con el éxito personal), pero los estudios demuestran que una es tan real y palpable como la otra. Saben igual.

Desafortunadamente, el único obstáculo para sintetizar la felicidad es la libertad para elegir. Por ejemplo, un estudiante regresa a México después de estudiar en un país del primer mundo y se da cuenta de que la ciudad que tanto amaba está llena de defectos. 

Un pésimo sistema de transporte, ruido, desorganización y pocas áreas verdes. ¿Qué le pasó a mi hermosa ciudad?

Pero eso sólo dura unos meses, si la persona no puede elegir (no tiene el dinero ni la oportunidad de seguir viviendo en el extranjero), poco a poco deja de presenciar esa realidad y recupera el aprecio y amor por su ciudad.

Sintética o natural, todos pueden darse el lujo de vivir con felicidad. Si no es tu caso, ¿qué esperas?

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