14 de Diciembre de 2017

Opinión

La herejía del Economist

Como bien señala el Economist, conforme han subido los costos de producción y transportación en China, México ha ganado fuerza

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La revista inglesa The Economist acaba de cometer una herejía. 

Se ha atrevido a decir que México avanza. Vaya descaro: parece que nadie le avisó que elogiar el rumbo del país está prohibido por las conciencias políticamente correctas.

En un reporte exhaustivo, el Economist describe a un México pujante, que poco a poco sale de la nube de la violencia para convertirse en un dinamo económico, listo para rebasar a Brasil y luchar con China en el escenario de producción y exportación mundial.

“¡¿Pero cómo?!”, clamarán los que apuestan al fracaso mexicano. Caray, pues resulta que tras bambalinas de nuestra ópera bufa de polarización política, la economía mexicana se ha ganado el respeto del mundo por su disciplina macro y el desarrollo constante de una serie de industrias que, con el tiempo, han aprendido a competir y se han hecho del liderazgo no solo regional sino global.

México está entre los líderes mundiales en la producción de computadoras, teléfonos móviles, televisores de pantalla plana, automóviles y hasta ciertos enseres electrodomésticos.

Como bien señala el Economist, conforme han subido los costos de producción y transportación en China, México ha ganado fuerza. Por todos estos factores, más la expansión de la clase media nacional, la economía mexicana ha crecido al doble de la economía brasileña, el supuesto país mágico, invencible de América Latina.

Por supuesto, el reporte no está exento de advertencias: la impunidad judicial, la violencia y la corrupción en los estados (a los que la revista llama, con justicia, “las 31 repúblicas bananeras”) podrían, sin duda, dar al traste con el resurgir mexicano.

Pero el análisis general de The Economist es muy optimista.

Habrá que ver cómo reciben el diagnóstico los profesionales del “declinismo” mexicano. Como sabemos, una buena parte de nuestra clase política ha cimentado su discurso en la idea de que México está peor que nunca.

Por fortuna, la realidad es muy distinta. Los suspirantes del colapso mexicano tendrían que cambiar de estrategia. Una cosa es augurar el Apocalipsis cuando se viene la noche y otra muy distinta es hacerlo cuando el sol comienza a despuntar.

A menos, claro, que decidan declarar al Economist, con sus 170 años de historia y sus dos millones de ejemplares semanales, como un representante más de la “prensa colonizante”.  

 

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