20 de Octubre de 2018

Opinión

La herencia de sangre siria

Cada día afloran más y más los comentarios sobre los orígenes de los conflictos en Medio Oriente y como es normal

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Cada día afloran más y más los comentarios sobre los orígenes de los conflictos en Medio Oriente y como es normal, el villano favorito: Los Estados Unidos, sale siempre a colación como el causante de tales tragedias. El interés de la política exterior norteamericana en Medio Oriente tiene raíces mucho más complejas que la simple excusa del suministro de petróleo, como si eso no fuera suficiente causa para manipular todos los hilos que estén al alcance de la mano. Basta preguntarnos qué haríamos los mexicanos si necesitáramos asegurar nuestro petróleo por decenios en adelante; seguramente iríamos a la guerra o apoyaríamos a cualquier aliado (sea quien sea) con tal de garantizar nuestra posición. Sin embargo, se olvida que muchas de las jugadas realizadas en la segunda mitad del Siglo XX por Occidente tienen su origen en la Guerra Fría.

El tenso enfrentamiento entre la Unión Soviética y sus aliados contra Occidente casi siempre tuvo lugar en lugares lejanos a los verdaderos involucrados y muchos de los conflictos que llenan los libros de historia tienen su origen por esa causa. Por ejemplo: La Guerra de Corea fue el resultado de la movida de ajedrez de la URSS y de China para ocupar una posición estratégica en Pacífico Asiático, lo que motivó el que ejército norcoreano invadiera el sur y ocupara gran parte de su territorio dejando una estela de sangre y barbarie. En esa ocasión la brillante estrategia del genial General McArthur fue cortar la península por la mitad para ahogar a los comunistas que quedaban bajo la línea y avanzar hacia Pyongyang para liberar completamente la península de la garra roja; en esa ocasión, el ejército chino impidió esto y como resultado la humanidad hoy en día tiene que vivir con el estigma de una cruel dictadura familiar en Norcorea que amenaza la paz de la región y a la propia China.

De igual modo sucedió con Vietnam y en el Medio Oriente con la invasión de Afganistán por los soviéticos y el desespero de la comunidad internacional de ver un país asolado de esa manera con el desequilibrio que supone empoderar a potenciales enemigos de Israel y provocar un conflicto aún mayor. Sí, en efecto los Estados Unidos apoyaron al Talibán en sus inicios porque simplemente no quedaba más remedio.

El resultado alternativo de una historia que no sucedió puede ser interpretado de muchas formas, pero en este caso, si Israel hubiese sido invadido, las consecuencias serían mucho más devastadoras que las que ocasionaron los talibanes. Siria siempre fue uno de los baluartes rusos en Medio Oriente; el apoyo a la dinastía gobernante creó odios viscerales entre compatriotas que se aunaron a los conflictos tribales de corte medieval entre clanes del Islamismo.

De nuevo, el apoyo ruso a la dictadura de los Assad deja desamparados a los ciudadanos de Aleppo y a la comunidad internacional atada de manos ante una masacre de civiles. La bota imperialista rusa sigue sembrando el terror y la desestabilización en Medio Oriente sin compasión y en una tendencia aislacionista cada vez más preocupante. Basta ver las noticias de la herencia de sangre de los rusos en Medio Oriente en un hermoso televisor Samsung hech en la Corea salvada gracias a la brillantez de McArthur. Hay de legados a legados.

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