17 de Diciembre de 2017

Opinión

La importancia del 'yo adulto'

Es necesario para gozar de salud integral (cuerpo, mente, emociones y espíritu) tener respeto a uno mismo y al prójimo...

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Estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás.- Fray Luis De León, teólogo del Siglo XVI

Nuestras emociones son indicadores del estado de satisfacción o no de nuestras necesidades. Con esta visión, las emociones prestan un gran servicio, ya que nos revelan si estamos en equilibrio o en desequilibrio, para tomar cartas en el asunto. 

Lo importante es conscientizar la emoción que está ligada a nuestra necesidad porque a menudo, por la  “educación” que recibimos, apenas se nos enseñó lo que es una necesidad y lo que significa respetarla. 

En cambio, se nos enseñó a respetar y pensar en los demás y a olvidarnos de nosotros mismos. 

Es necesario para gozar de salud integral (cuerpo, mente, emociones y espíritu) tener respeto a uno mismo y al prójimo. Valgan dos sugerencias para aprender a respetarse: la primera consiste en preguntarse en diferentes circunstancias: ¿me respeto? para darse cuenta si nos estamos violentando, esto sucede cuando el umbral de tolerancia está demasiado alto porque aprendimos a encajar en muchísimas situaciones incómodas antes de sentirlo y tiene que pasar tiempo para que se acumule nuestro malestar antes de decir: ¡BASTA! y hacer valer nuestros límites. 

La otra sugerencia es estar atento a “escuchar” lo que se siente y aplicar los límites personales de manera respetuosa pero firme. 

Se puede ser muy firme para respetar nuestras necesidades y también muy tolerante con las diferencias de las otras personas, ya que pueden vivir como quieran, puesto que es su vida. Cada quien tiene una manera diferente para afrontar la vida.  

En algunas relaciones el estrés emocional es muy fuerte. Cuanto más importante para nosotros es lo que está en juego en el campo relacional tanta más dificultad para entrar en contacto y reconocer nuestras necesidades de respeto y dignidad. 

No es fácil reconocer nuestras necesidades y poner límites con alguien cercano porque nos importa su opinión y relación; mucho más fácil es con alguien ajeno a nuestros afectos. Esto pasa cuando una esfera de nuestra persona no ha crecido y se sigue siendo el niño que necesita el reconocimiento de su padre/madre. Un niño no le dice a un adulto cómo se debe comportar… 

Es un trabajo interno y vital aprender a exteriorizar respetuosamente nuestro “yo adulto”.    

¡Ánimo! hay que aprender a vivir a vivir.

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