21 de Enero de 2018

Opinión

La impunidad

¿Cuándo apreciaremos más al hombre que enseña, y no al que mata?

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¿Cuándo apreciaremos más al hombre que enseña, y no al que mata?” Impunidad es una excepción de castigo o escape de la sanción que implica una falta o delito. En el derecho internacional de los derechos humanos, se refiere a la imposibilidad de llevar a los violadores de los derechos humanos ante la justicia y, como tal, constituye en sí misma una negación a sus víctimas de su derecho a ser reparadas.

Delitos sin castigo, licitaciones opacas, latrocinio premiado, crímenes sin rastro, crímenes con rastro pero sin visos de castigo, el círculo perfecto e interminable de la impunidad.

Podemos inferir que la práctica de la impunidad comienza desde años muy remotos, incluso podríamos decir que comienza desde los primeros asentamientos humanos.

La impunidad es una acción que no lleva ningún tipo de consecuencia, sin importar que viole los derechos del ser humano, la integridad física y moral de la persona o alguna otra cosa.

El delito no se hace del conocimiento de las autoridades y las mismas no tienen ningún indicador para saber de la perpetración del mismo

A pesar de existir un conocimiento del delito por parte de las autoridades, el mismo no es investigado para lograr la determinación del culpable y el conocimiento de la verdad de las circunstancias en que se cometió el delito o siendo investigado no es castigado por las autoridades sea en virtud de un acto de legislación que libere de responsabilidad penal al culpable o en virtud de una ley personal.

La impunidad, comienza en núcleos pequeños y aparentemente inofensivos, pero también es una problemática muy visible que se ha ido expandiendo y al mismo tiempo fusionándose con otras problemáticas mayores en los que se encuentra inmerso México

La única vía para reconstruir el Estado de derecho en México es la destrucción del pacto de impunidad que de forma transversal toca todo el sistema político. De ello depende la viabilidad económica, política y social de México en las próximas décadas, y no sólo la percepción internacional de nuestros avatares.

Algunos de los fenómenos que incidieron en el proceso de convertir a la impunidad y la corrupción en formas de comportamiento comúnes en ciertos ámbitos, son los que fueron convirtiéndose en prácticas cotidianas en las estructuras gubernamentales, entre los funcionarios públicos, en las organizaciones sindicales. Es conveniente aclarar que la impunidad y la corrupción no son aceptadas por la ciudadanía en general, sino que cuestionadas y criticadas, pero se toleran como un mal constitutivo del sistema judicial mexicano. 

La palabra corrupción procede del verbo latino corrumpo-is-ere-rupi-ruptum, que significa corromper, descomponer, sobornar. Aunque ambos fenómenos son diferentes, se encuentran íntimamente ligados porque, en un sistema en que se permite la corrupción, ésta puede logra la impunidad, aunque no necesariamente la impunidad implica la corrupción.  

La impunidad es uno de los más graves problemas nacionales y motivo de preocupación para la comunidad internacional. Representa un fenómeno multidimensional y multifactorial que se manifiesta cotidianamente, pero que desgraciadamente ha sido poco estudiado en términos cuantitativos.

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