19 de Septiembre de 2018

Opinión

La kryptonita de la CNTE

Lo que no calculan los maestros de la Coordinadora es que, a diferencia de otras ciudades, acá en el DF ya estamos vacunados.

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Los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabadores de la Educación, quienes, según leo, han decidido quedarse en la Ciudad de México por lo menos hasta el 12 de octubre, deberían repensar seriamente su estrategia. Puede ser que en esta ocasión se hayan topado con su némesis: los habitantes de la Ciudad de México. 

Algunas historias: desde 2001 cada año, sin falta, una organización nos visitó cada verano, se instaló en Insurgentes y Reforma y otras veces en el monumento a la Madre, y decidieron encuerarse para llamar la atención. En 2008, si la memoria no me falla, estuvieron unos seis meses, ahí, queriendo impresionar con sus carnes desnudas. Los capitalinos, la verdad, ya ni los volteábamos a ver.

La mayoría no se acuerda, pero algunos años Carlos Hank volteó la ciudad de cabeza con tal de regalarnos los ejes viales y en aquellos años nos adaptamos, como aprendimos a vivir años sin Periférico mientras se construyó el segundo piso; o meses sin Reforma cuando se enojó AMLO; o casi un año (con sus interrupciones) sin un tramo de Bucareli gracias a Antorcha Campesina y otros años otra vez sin Periférico (para el otro segundo piso); o meses sin la mitad de Patriotismo o Revolución, porque les cambiaron el pavimento o… mejor le paro. 

Ayer las marchas de los maestros pararon Paseo de la Reforma buena parte del día, intermitentemente cerraron la carretera México-Acapulco. En las redes sociales, en los noticiarios de radio y tv, hubo mucho menos ruido que hace unas semanas. Menos quejas. Menos gritos. 

Quienes marchan paralizando grandes avenidas tienen entre sus objetivos llamar la atención de la población a sus demandas para que los apoyen y/o molestarlos de tal manera que la población presione a sus gobernantes para que cedan ante las demandas de quienes protestan. 

Lo que no calculan los maestros de la Coordinadora es que, a diferencia de otras ciudades, acá ya estamos vacunados. Tenemos demasiadas cosas que hacer para fijarnos en ellos tanto tiempo, andamos siempre de prisa, tenemos déficit de atención y el tráfico no nos asusta. Así vivimos.

De alguna manera nos volvemos cómplices de las autoridades, que han decidido no tocarlos ni con el pétalo de una sugerencia. Entre más pasan los días ellos marchan y bloquean, nosotros a lo nuestro y ni nos quejamos. 
Es lo peor para un movimiento como la CNTE: que sean ignorados. 

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